sábado, 10 de agosto de 2013

ESCRITURA DE INVENCIÓN

Aquí se transcriben las resoluciones a la 
CONSIGNAS DE ESCRITURA DE INVENCIÓN: Después de leer estas “Ventanas” de Galeano, elija una de las consignas siguientes para escribir un relato:
Yo también viajé con Helena al país de los sueños. Narro el sueño que quiero soñar. (El país de los sueños).
Escribo el sueño bobo o el cómico o el sombrío que quieren ser soñados. En el sueño utilizo lo que trae Helena para que actúe en su sueño. (Los sueños de Helena).
Escribo alguno de los sueños olvidados de Helena o la respuesta a la pregunta de Claribel. (Los sueños olvidados). 

SEIDL, ANA MARINA

Había una vez una estación de trenes llena de luz y colores, con un clima muy cálido y agradable, donde todo era alegría.
Allí estábamos Helena y yo esperando en el andén; íbamos a partir en busca de los sueños de Helena. Era muy loco cuando me invitó y me propuso la aventura de viajar en busca de nuestros sueños.
Pero allí estábamos con nuestras valijas completas de ilusiones, afectos y alegría por llegar al encuentro de nuestros más grandes sueños, porque a los más chiquitos los llevábamos en nuestro baúl de cristal de la vida.
Mucho tiempo esperamos nuestro tren, hasta que por fin... ¡LLEGÓ!
Era un tren muy grande,  Por fin terminó nuestra espera y ansiedad.
Una vez emprendida la marcha, nuestra alegría era inmensa, hasta que llegamos al país de los sueños.
En ese país había sueños nuevos jamás soñados, sueños viejos y otros olvidados.
Pero, nosotras teníamos una meta: encontrar nuestros sueños para que se hicieran realidad. Caminamos y caminamos. Al fin, los encontramos, nuestros más preciados sueños. Era increíble!! No nos dimos cuenta que mientras los buscábamos ya los estábamos haciendo realidad. 


FEREZ, YOLI
Helena y yo volvimos a la isla en donde los sueños se hallaban olvidados. Eran demasiados, pero uno, en particular, llamaba la atención de Helena. Sin embargo trataba de evadir a ese sueño, puesto que la remitía a un pasado que trataba de olvidar. Pero él era insistente, brillaba como la luz de un faro en el medio de la niebla por lo que Helena acudió a ese llamado. Yo me quedé a su lado y observaba con ansias.
Una vez inmersa en dicho sueño aparece un rostro hermoso y familiar para Helena que trataba de acercarse a ella, pero ella pretendía alejarse de aquel rostro, experimentando sentimientos que oscilaban entre el amor y el odio. ¿Por qué huyes Helena? ¿No sabes que te sigo queriendo? ¿Acaso te olvidas que daba todo por ti? exclamó, pero Helena se alejó. Sonrió y le dijo “ya lo sé amor mío, sin embargo, todo ese amor no te sirvió de nada y decidiste engañar a mi corazón que aún sufre con tu recuerdo, solo me acerqué a ti para decirte adiós amor mío, ya te he perdonado”. Luego tomó mi mano y, juntas, nos alejamos de aquel hermoso rostro que quedó solo y sorprendido ante nuestra partida hacia el despertar

SEGOVIA, MABEL

Claribel preguntaba por teléfono a Helena:
-¿Qué hago con tus sueños?
Helena contestaba:
-          Ponlos en el ropero de la abuela, en la cajita azul que está guardada en el último cajón. No olvides de cerrar la puerta con llave.
Aunque desde que la abuela se fue a buscar sus sueños, que los había dejado en casa de tía Margarita, ya nadie volvía a entrar en su habitación.

GODOY, IRIS ELENA

Helena y yo viajábamos juntas al país de los sueños. Allí Helena acariciaba muchos sueños cómicos, alegres, divertidos y muy chistosos.
Helena junto a su conejo Bomba marchaba por todo el mundo contando sus sueños, mientras yo, por mis recuerdos, soñaba con tristeza y dolor. Pero un día, Helena, llena de picardía y astucia, me dijo:
-          Viajamos en un túnel donde solo estamos vos y yo, te enseñaré a soñar y vivir en un mundo de mariposas de colores y arco iris llenos de tesoros.

RAMOS, LORENA
Helena soñó que dejaba los sueños olvidados en mi caja secreta en mi mesa de luz. Cuando la vi, corrí hacia ella, recogí mi caja y salí a soñar.
En la caja cargué mis esperanzas en tener un mundo mejor, educación para todos, gobernantes honestos, con sabiduría, personas capaces de defender la integridad de una nación. Sueños de amor, de solidaridad, sueños de compromiso y respeto por el otro y por uno mismo. También cargué sueños de tolerancia de esperar siempre de que todo cambiará, sueños sin máscaras, con rostros agradables y llenos de alegría. Sueños de sonrisas de niños llenos de ilusión, de ancianos soñando que todas las mañanas, los rayos del sol iluminan sus rostros, sueños encantados de hadas y picaflor.
En ese viaje tan maravilloso de soñar, Helena, compañera de sueños, tocó mi hombro y me dice: sé tolerante, que los sueños, siempre sueños son…

POPOFF, Daniel.

Helena contaba a Claribel su sueño bobo.
Era un sueño recurrente, un sueño que nunca concluía, como todos sus sueños.
Comenzaba cuando caminaba por una vereda de un antiguo barrio, al frente de una casa en construcción se tropezaba con un poco de tierra y, de pronto, se encontraba con un orificio pequeño y profundo. Lo rodeaba y continuaba su camino pensando en que, al volver por allí, tendría cuidado de no caer…
Luego, cuando volvía por el mismo lugar, se distraía mirando una vidriera, donde estaba expuesta una máscara de vivos colores que llamaba poderosamente su atención porque le recordaban los días festivos del carnaval cuando era niña y paseaba por las calles de la ciudad de la mano de sus padres. Era entonces cuando caía y terminaba en el suelo, con una pierna incrustada en el fondo del orificio y, despertaba, dolorida y apesadumbrada. 
PAULOVICH, LILIANA ESNILDA

Los sueños se marchaban. Helena y yo emprendimos un largo viaje a la luz de la luna, por una carretera infinita viendo las maravillas de la naturaleza en esa noche estrellada, donde todo era tan paradisíaco, tranquilo, lleno de paz. En un momento nos miramos y nos dijimos qué hermoso sería si fuera realidad.

LEGUIZAMÓN, FABIÁN

Soñaba que soñaba. Yo también viajé con Helena al país de los sueños, pero a mi país y mi sueño.
No iba en carro ni en medio de transporte alguno. Caminaba, caminando, porque el sueño de mi sueño no existe el cansancio. Tampoco me afectaba para nada la multitud que se dirigía al mismo lugar, ni el bullicio de tanta gente, mi sueño me permitía aislarme por completo de todo.
Mi sueño solo iba concentrado en dar forma a mi país de sueños. En los sueños el tiempo no cuenta, de manera que no puedo decir cuánto tiempo me llevó llegar al país de mis sueños. Solo digo que llegué y me encontré con eso que soñaba.
En ese país de mis sueños no existían las estaciones. Los días eran cálidos y por las noches la temperatura no variaba. La abundante vegetación se ofrecía a cada paso con sus variables gamas de colores y formas.
También la música siempre estaba presente en el ambiente, con un variado repertorio ofrecido por la incontable variedad de aves de vistosos plumajes que dejaban oírse como únicos artistas.
Ese paisaje, el paisaje de los sueños, no podría ser captado, en toda su plenitud, en una postal.. cada rincón, cada planta, cada ave eran por sí solos una postal como si fuesen expresiones artísticas.  Pero de pronto, un sonido muy conocido y, que no me agradó, me sacó de mis sueños. Era un objeto verde, de metal, frío y cuyas agujas marcaban las 8 de la mañana, hora de volver a mi rutina diaria, pero esta vez, en otra selva, hecha de cemento y bocinazos… Ese es el despertador que nos mantiene despiertos a todos.

MAIDANA, PATRICIA

Desde pequeña a Helena le inculcaron que los sueños:
durante la noche se diseñan,
al despertar, se los plasma en un papel, 
durante un mes, se los recuerda y
en vida deben concretarse.

ALEGRE, ANALÍA C.

Unos cuantos sueños nuevos, jamás soñados, formaban cola. Pero Helena no podía soñarlos a todos, no había manera. Entonces lo que sucedió fue que ella tomaba a cada uno de estos sueños y los soñaba, así como nosotros tomamos algunas cosas lindas para luego soñarlos y transportarlos en esas noches largas cuando todo es hermoso, maravilloso y no existen la maldad, el egoísmo y la envidia. Todo se desarrolla en un marco de los sueños, volar a través del tiempo y que todo se convierte en esa palabra que todo lo logra: el mundo de lo mágico.

MEDINA, ALCIRA

Yo viajaba con Helena en un carro de caballos al país donde se sueñan los sueños, junto a la perrita Pepa Lumpen y la gallina que iba a trabajar en un sueño. Del baúl de máscaras y trapos de colores de Helena, tomé algunas máscaras y trapos de colores. Los repartí a la gente que encontramos en el camino. En el trayecto, al costado de la ruta, se hallaba un grupo de docentes protestando porque ellos, también, tenían un gran sueño: mejor salario, acorde a su desempeño laboral, edificios escolares en buenas condiciones, el trato y respeto que se merecen por la importancia que tiene la educación en un país. ¿Será posible lograr este sueño?

WEDERCZYK, JOFEFA ANTONIA
Yo también viajé con Helena al país de los sueños. En el viaje sonábamos con llegar a ese lugar mágico donde los sueños se hacen realidad, a ese lugar donde todo se puede lograr, donde el sacrificio vale, donde el esfuerzo te recompensa.
Y viajábamos y viajábamos, cuando de repente nos dimos cuenta que habíamos llegado a ese lugar que tanto anhelábamos. Nuestro sueño se hizo realidad y estábamos ahí. En ese país de los sueños donde la magia se respiraba en el aire, estábamos ahí, en nuestro país, en nuestra patria, nuestra Argentina.

CASTILLO, ZUNILDA VIVIANA
Había una vez, unos sueños que se paseaban de cajón en cajón y eran, tan inquietos, que no se quedaban en ningún lugar.
Un día se olvidaron de cerrar la ventana y los sueños de Helena salieron a volar. Todos salieron corriendo. Quienes los veían en su vuelo  se preguntaban: ¿adónde van los sueños de Helena?, ¿irán al país de las maravillas o al país de nunca jamás, o tal vez, al país de los sueños? Quién sabe adónde irán.

CARDOZO, CRISTINA

Iba  caminando por las calles empapadas de olvido, iba sin luz, iba sin sol, sin un sentido, hasta que me encontré en un sueño buscando hacerlos realidad, sin darme cuenta de que los sueños sueños son, pero en la vida se hacen realidad.

Viaja, viaja, no te hace falta equipaje, viaja al país de los sueños, donde puedes llevar a todos los que quieras y por cuánto tiempo quieras. En este viaje nada es imposible, nada podrá detenernos. Ahora somos de titanio, invencibles, donde puedes bailar y cantar, donde puedes ser lo que quieras. En los sueños vivimos lo que en la realidad no nos animamos. Lo bueno de los sueños es que bueno viajar para volver a la realidad. A los sueños siempre podemos regresar, aunque tengamos sueños imposibles.

DALKE, IRMA ELENA

Yo también viajé con Helena al país de los sueños.
Soñaba que viajábamos al país de los libros perdidos. Llegamos a un lugar donde estaban los libros bien guardados esperando ser leídos por los visitantes.

GARCÍA, SONIA S.

Los sueños se marchaban de viaje. Helena y yo íbamos hasta la estación del ferrocarril. Desde el andén, Helena les decía adiós con un pañuelo, en cambio, yo, con lágrimas en los ojos, observaba marcharse  aquellos sueños pasados que nunca más volverían. Iban desapareciendo a medida que se alejaba el tren. Viajaban a lugares lejanos, inciertos, inimaginables, pero no se detenían en ningún lugar. Viajaban sin parar hasta quedarse quietos por algún momento. Esos sueños del pasado no volvieron. Aun siguen viajando.

GÓMEZ, MARÍA VANESA
¡Hola! Soy el sueño sombrío de Helena, ese que la hace despertar y temblar desde pequeña. Aquel del que ella no quiere ni hablar. Aunque sabe que soy producto de su imaginación, me teme y no me quiere soñar. Mi intención no es asustarla, sino alertarla sobre lo que puede sucederle si sigue andando sola por las calles oscuras de las ciudades violentas.

PERALTA, LUCÍA ESTELA

Yo también viajé con Helena al país de los sueños. Llegamos allí, atravesando el océano en el crucero más mágico e irreal que jamás nadie haya conocido. Toda aquella persona que subía se transformaba en la mejor versión de sí misma, con la extraña capacidad de soñar, aun estando despierto, de volar sabiendo que nunca llegaría a tener alas y, sobre todas las cosas, con la firme convicción de que la felicidad es un decisión absolutamente personal.

VARGAS, LUISA ADRIANA

Helena, distraída, caminaba por el andén del ferrocarril. De repente, sus sueños traviesos se colgaron de los vagones de los trenes mientras Helena desesperada los llamaba. Volvió a buscar en su cartera, corrió al bar donde había estado, soñando despierta. ¿Acaso, no era eso lo que más anhelaba?
Un ruido la volvió a la realidad y, en ese preciso instante, se volaron y ahora no sabe dónde están.
Buscó un taxi, se fue al andén y allí, con un hermoso pañuelo, se despidió de ellos prometiéndoles buscarlos y alcanzarlos, hasta que ya no sean sueños.

Ese día Helena se levantó con ganas de recuperar sus sueños olvidados, pero ¿dónde estarían?
Quizás en el cajón del aparador o en un baúl viejo guardado en casa de su abuela materna Dalila. Para recuperar y revisar el baúl debía viajar varios días, pero valió la pena.
Esa noche le haría caso al sueño bobo. Apenas comenzó su sueño, viajó con ellos en el lugar donde estaban, pero despertó.

VIDELA, DANILO
Corría 1983. Helena volvía a Buenos Aires, pero no sabía en qué idioma hablar ni con qué dinero pagar. Parada en la esquina de Pueyrredón y Las Heras esperaba que pasara el 60, que no venía, que nunca vendría. Todo se le hace difícil y, cada vez, más complejo. Es que, durante el exilio, rodó de un país a otro, aprendió a hablar en varios idiomas extranjeros y casi se olvidó del nuestro. Y, en su cartera que de tanto acompañarla estaba algo vieja y desgastada, tenía diferentes billetes y no recuerda si en Buenos Aires se paga en australes, patacones o pesos.
Helena tuvo que irse, no le dejaron opción. A pesar de ser una brillante profesora universitaria se quedó sin armas para seguir luchando junto a colegas y alumnos. Las amenazas, que no eran falsas,  se hacían sentir cada vez más con las desapariciones de las personas, compañeras de lucha.
Pero no perdió el tiempo. Durante el exilio siempre soñaba con volver a su patria  y poder vivir libre con un gobierno democrático, donde pudiera luchar por sus derechos. En un tiempo escribió canciones de protesta, que se encargaba de hacerles llegar a los cantantes del momento.
Hoy, parada en Pueyrredón y Las Heras, observa caminar libremente a la gente y siente que sus sueños plasmados en un papel, en esos lejanos lugares, se hicieron realidad.

ILLES, HÉCTOR RAÚL
La noche fue difícil. No recuerdo dónde estuve. La cabeza duele un poco. Tal vez, el exceso de comida, no, seguro la bebida. La cerveza siempre hace mal cuando fermenta en el cuerpo. Y bueno, maletín en mano y… a laburar.
Camino lentamente por la vereda disimulando la resaca de la noche anterior. Me apresto a cruzar la calle. Al poner un pie en ella, el derecho se incrusta en una hendidura y caigo sobre el asfalto… asfalto… ¿qué pasó? No es asfalto. Piedras colocadas una al lado de la otra. Recorro con mi vista y, absorto, las observo a lo largo de la calle... ¿Adoquines en Villa Ángela? Me pregunto en silencio.
Miro hacia arriba y la estación de trenes se aparece frente a mí como una postal traída el pasado. Al tiempo, desde la esquina, con su particular forma de hablar Chingolo me pregunta: “se golpeó, maestro”, y tarareando una milonguita, me extendió su pequeña mano y me ayudó a levantarme y, asombrado, me pregunto: ¿”adoquines en villa Ángela”? sacudo la arenilla de mi ropa, cuando desde el frente al kiosco de Pacheco, fileteado al estilo de la Boca de Buenos Aires, el Nene Verón con su cuerno al costado, le saca la Cumparsita a un organillo, a la vez, que dos mocetones ensayan un 2 por 4 para llamar el interés de alguna vecina que sale o entra en la carnicería de don Colman.
El sonido de un tren que, al frente de la estación semeja el asma de un bandoneón, distrae mi atención. Baja gente del tren. Los hombres se reparten entre Memendi y Huguet, donde la señora de Memendi, cantando “Se dice de mí”, emulando a la Tita, recorre las mesas atendiendo a los comensales. Las mujeres en Las Americanas y La casa del Pueblo renuevan, algunas, sus vestuarios y otras sus vistas. Los niños corretean en la vereda o juegan con sus dedos rebordean el adoquín, otros se asombran con la cartelera del cine Cervantes, mientras Cantinflas saca brillo a la marquesina y don Morales acomoda golosinas en el kiosco del cine.
Al sonido de cascos de caballos, golpeando el adoquín, se ven pasar carros de gringos hacia Marantz, aunque antes pasaron por la bodega El Tajal. Algunos muchachotes, aun de cortos y tiradores, practican algunos piropos en el farolito de la esquina del villar La Villa.
Atónito, transito por la avenida y, en el interior del Internacional, veo a Tanque haciendo equilibrio entre las mesas con su bandeja, al “marche uno de jamón y queso”, mientras el Lungo Arece y Chulo Salom juegan una loba con Chacho que los mira de reojo tratando de decidir a quién votar. Continúo y doy vuelta en la esquina justo cuando el Gringo Alejandre termina de escribir en la pizarra de su panadería “firuletes calentitos”. Más allá, don Kalocchia, entre motores y cables, se pasa la mañana y Gardel, desde su vieja radio, le regala Volver, que pareciera transportarlo a su Italia querida.
Llego a la plaza y el Ateneo se prepara para una noche de risas y cuentos pues Luis se despide de su pueblo. Va a probar suerte a la capital. En la glorieta juegan algunas niñas, en tanto, sobre un banco de madera, Lolo cuenta detalles de aquella hazaña de terminar una carrera con el auto marcha atrás.
Sin darme cuenta la noche despidió a la tarde. Camino sobre calles de tierra y me pregunto: ¿adoquines en Villa Ángela? De repente, como si un gran telón se abriese, aparece ante mí una majestuosa taberna, como si extirpada del mismo riachuelo y sus luces de colores dejan ver su nombre Toy Mar. Me acerco hacia la entrada y se escucha desde adentro el bandoneón de Troilo y hasta pareciera que el mismo Astor dirigiera la orquesta y, ante mi asombro y estupor, Cambalache se confunde entre la voz del Polaco y Edmundo, si hasta el mismísimo Gardel pareciera completar el trío. Me dispongo a entrar cuando una mano en mi hombro me detiene. Me doy vuelta y el Gordo Morales, entre tos y ronquera de cigarrillos, me dice: “flaco, te dormiste”. Pestañeo varias veces y aparece ante mí el patio de la radio.

Cada rincón de mi alma es tomado inconsolable. Afuera brama el viento helado y mi realidad se descompone en una lluvia de sombras. Estoy aquí, en mi cuarto, solo con mis recuerdos, fantasmas que habitan mi alma y juegan con el dolor. Es que Helena se fue. Se escapó en un sueño y, en ese instante, cayó el telón de mi vida.
Me gasté todas las palabras, todas las lágrimas. Es como si el mundo se abriese bajo mis pies y cayese en un abismo donde las soledades se confunden con las tristezas; como si hubiese perdido todo: mis manos, mis pies, mis ojos. Yo mismo he muerto un poco en ella. Era lo que más amaba en el mundo. Tal vez, por eso me parece tan vacío.
La copa recibe otro chorro. El cenicero, un cigarrillo más. Pero ni el sorbo ni el humo tienen otro sabor que no sea el ocre sabor de la angustia. El reloj, desde su bronce, grita las 3 de la mañana. No queda nada por hacer. Mañana todo será igual. La calle, la plaza, la gente transitará con el mismo apuro e indiferencia. Solamente yo habré cambiado.
Apagaré la luz. Tal vez la oscuridad me lleve con el sueño de Helena. Si no hay esperanza, para qué… para qué sirve el dolor.

ILLES, FABIANA GABRIELA
Helena volvía a Buenos Aires, pero no sabía en qué idioma hablar ni con qué dinero pagar. Parada en la esquina de Pueyrredón y Las Heras esperaba que pasara el 60, que no venía, que nunca vendría.
Helena se quedó varias horas esperando el 60 hasta que el sol se escondió y la noche llegó y, con ella, una hermosa luna nueva. De repente, pudo visualizar muy lejos, una luz que se acercaba a ella cada vez más. Era un colectivo de línea con la inscripción RETIRO.
Helena subió al colectivo. Todo lo que la rodeaba era extraño para ella. Luego de observar todo, se sentó en el último asiento y en la siguiente parada se bajó y volvió caminando a Pueyrredón y Las Heras.


Helena se quedó en su pasado esperando el 60 que nunca vendrá. ¿Podrá Helena despertar de su sueño y volver  del exilio e integrarse nuevamente a nuestra sociedad?  ¿Esto es solo un sueño? No. Pero yo me pregunto si todas aquellas personas que fueron exiliadas durante la dictadura militar, algunas volvieron a la Argentina y se integraron a la sociedad, pero tal vez, otras quedaron como Helena en el sueño en Pueyrredón y Las Heras esperando el 60 que nunca vendría. 


MANSILLA, MARÍA INÉS
Helena volvía a Buenos Aires pero no sabía en qué idioma hablar ni con qué dinero pagar. Parada en la esquina de Pueyrredón y Las Heras esperaba que pasara el tren, el que hace mucho tiempo se había llevado sus sueños. Algo la perturba, algo la inquieta, nada es igual, y en una vieja pared, un autor, un cartel:"no nos dejan soñar, no los dejaré dormir"


Los sueños se marchaban de viaje. Helena iba hasta la estación del ferrocarril. Desde el andén les decía adiós con un pañuelo. 
El cazador de sueños los vio, los corrió, los anheló, los perdió, los lloró.

PÁEZ, CARLOS ANTONIO

Los sueños se marchaban de viaje, Helena iba hasta la estación del ferrocarril. Desde el andén, les decía adiós con un pañuelo, las lágrimas corrían por sus mejillas sin control, cosa que no le permitía pensar que ellos seguirían en ella si se lo permitiera. Los sueños son el impulso que da vida, lo que permite imaginar un futuro que nos alienta a seguir con la esperanza de una nueva realidad. La vida nos pone a prueba con piedras en el camino que no nos deja ver que hay un mañana, ese es el momento en que los sueños viajan, pero si logramos sortear las adversidades, podremos cambiar nuestro presente y futuro.... "y si no podemos, soñemos"

1 comentario:

  1. Qué hermosa sorpresa encontrarme con estas escrituras que nacen de una consigna pero que pueden continuar como proyectos personales en cada uno de los que aquí han compartido sus textos!: Héctor, Fabiana, Luisa, Lucía, Sonia,María, Irma, Cristina, Zunilda, Ana María, Mabel, Iris, Lorena, Daniel...Liliana, Fabian, Alcira, Josefa, Analía ! A todos Felicitaciones!

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