SEGOVIA,
MABEL
Cuando
era niña no tuve la oportunidad de escuchar a mi madre leyéndome cuentos. Ella no
sabía leer. Aún así, siempre escuché ciertas leyendas como la del Pomberito, y
conocí a algunos personajes como Caperucita, Blanca Nieves.
Nunca
tuve mucho interés en la lectura. Pero he leído durante mi época de estudiante
y durante el cursado de la carrera de Biotecnología. Hasta no hace mucho, no saboreaba
el gusto de la lectura. Leía por deber u obligación.
Algo
interesante me ocurrió hace un tiempo. Me encontraba en mi lugar de trabajo en
la Escuela de Enfermería donde todos los libros, que allí hay, son de medicina.
En mis momentos libres leía algunos como el de Tortora, de anatomía y
fisiología, Pathon y Thibodeau, manuales de medicina de la editorial Océano y
otros relacionados con la especialidad.
Un
día, encontré un libro en el escritorio de mi compañera. Un libro pequeño y de color
distinto de los que había en la biblioteca. Su título me llamó la atención: “Los
ojos del perro siberiano”. Se lo pedí a mi compañera y cuando abrí las
primeras páginas, leí esta frase: “Es
terrible darse cuenta de que uno tiene algo cuando lo está perdiendo. Eso es lo
que me pasa a mí con mi hermano”.
Cuando
leí esto me llamó la atención y comencé a leer página a página la historia de
una familia con dos hijos varones, uno de 18 y el otro de 5 años, quien de
adulto, relata la historia. Y así, de
esta manera, comencé mi viaje por este paisaje. Una familia aparentemente con
todas las cualidades de familia perfecta, siendo otra en realidad. Su historia empezó
a tocarme de tal manera, que siento que a partir de aquel momento miro el mundo
desde otra perspectiva. La interrelación de los personajes era bastante
cerrada. Lo que llamó mi atención es adónde llega una persona con su actitud
hasta llegar a poder perder personas de su propia familia, por la apariencia y
el qué dirán de la gente. Este joven contrae SIDA y toda su familia, una vez
que él se va de su casa, hace como que nunca pasó nada. Pasado el tiempo, su
hermano menor trata de relacionarse con él. El perro siberiano fue el único que
permaneció a su lado, mirándolo día a día, hasta la muerte del joven.
Esto
me llevó a reflexionar y a cambiar mi manera de ver la realidad y la vida. Debemos
dejar de cuestionar y juzgar la vida de los demás. Sí, aprovechar, disfrutar y
vivir los momentos con cada persona o situación que se presenta. De todo
sacamos enseñanza.
Escritura de invención a partir de textos de Eduardo Galeano (Los sueños de Helena- El libro de los abrazos)
Claribel preguntaba
por teléfono a Helena:
-¿Qué hago
con tus sueños?
Helena
contestaba:
-
Ponlos en el
ropero de la abuela, en la cajita azul que está guardada en el último cajón. No
olvides de cerrar la puerta con llave.
Aunque
desde que la abuela se fue a buscar sus sueños, que los había dejado en casa de
tía Margarita, ya nadie volvía a entrar en su habitación.
GODOY,
IRIS ELENA
BP
473
Biblioteca
escolar, Escuela 1057, Bo. Escalada.
La
literatura comenzó a gustarme cuando estudiaba para bibliotecaria en el
Instituto de Nivel Terciario. Leíamos todo tipo de textos literarios: poesía,
cuentos, novelas, cortas y largas, fábulas, todo tipo de narraciones.
Desde
ese momento tuve más acceso a los libros, porque en mi casa no había dinero
suficiente; éramos muchos hermanos y no alcanzaba para libros. Apenas para
comer y estudiar tenían mis viejos. Por eso traté de sacarle provecho a los
libros e introducir más conocimientos sobre la literatura en general cuando
estudiaba mi carrera.
Pero
sí me acuerdo y me siento reflejado en las historias narradas por mi padre. Él nos
contaba sobre el Pomberito, el viejo de la bolsa, la luz mala, entre otros. Me dejaron
una marca y un recuerdo lindo de él. Como en estos momentos no está junto a
nosotros, siento su presencia espiritual en mi corazón.
Cuando
leo cuentos a los niños, trato de transmitirles con gestos y expresiones, mis
ganas, mi empeño y dedicación a mi vocación. Mi padre me enseñó que si no tenía
libros en la casa, pidiera a alguien que me leyera o contara una historia que
le hubiera pasado en la vida. Me transmitió el valor de la narración oral, por
su pervivencia y tradición.
Escritura de invención a partir de los Sueños de Helena
Helena
y yo viajábamos juntas al país de los sueños. Allí Helena acariciaba muchos
sueños cómicos, alegres, divertidos y muy chistosos.
Helena
junto a su conejo Bomba marchaba por todo el mundo contando sus sueños,
mientras yo, por mis recuerdos, soñaba con tristeza y dolor. Pero un día,
Helena, llena de picardía y astucia, me dijo:
-
Viajamos en un
túnel donde solo estamos vos y yo, te enseñaré a soñar y vivir en un mundo de
mariposas de colores y arco iris llenos de tesoros.
RAMOS, LORENA
Edu,
el personaje de “El velero de cristal” me dio mucha ternura cuando leí en el
texto la soledad con que atravesaba su vida provocada por una discapacidad que
tenía. Me recordó a alguien muy cercano a mí que, desde su soledad, le hace
crear vida a un tigre que ve en una estatua: “no todos pueden soñar. Desde que
llegaste de estoy observando, solo una cosa no me fue posible distinguir: su
nombre”.
Cada
vez que apoyes el oído en mi corazón, yo hablaré”
Un
animal temible ante los ojos del hombre, pero tierno a la vez, que despierta el
interés de ese joven solitario en su vida.
Helena
soñó que dejaba los sueños olvidados en mi caja secreta en mi mesa de luz. Cuando
la vi, corrí hacia ella, recogí mi caja y salí a soñar.
En
la caja cargué mis esperanzas en tener un mundo mejor, educación para todos,
gobernantes honestos, con sabiduría, personas capaces de defender la integridad
de una nación. Sueños de amor, de solidaridad, sueños de compromiso y respeto
por el otro y por uno mismo. También cargué sueños de tolerancia de esperar
siempre de que todo cambiará, sueños sin máscaras, con rostros agradables y
llenos de alegría. Sueños de sonrisas de niños llenos de ilusión, de ancianos
soñando que todas las mañanas, los rayos del sol iluminan sus rostros, sueños
encantados de hadas y picaflor.
En
ese viaje tan maravilloso de soñar, Helena, compañera de sueños, tocó mi hombro
y me dice: sé tolerante, que los sueños, siempre sueños son…
No hay comentarios:
Publicar un comentario