jueves, 15 de agosto de 2013

BIOGRAFÍA LECTORA

COMPARTIR LECTURAS: PUENTES Y REDES
RESOLUCIÓN DE CONSIGNAS PRIMER ENCUENTRO (abril 28 y 29)
Los invito a programar su HOJA DE RUTA O CARTA DE NAVEGACIÓN por recorrer en este curso.  
Recorran los armarios de la biblioteca. Viajen, paseen por sus estantes y seleccionen los libros, títulos, cuentos y poesías que forman el paisaje de su viaje.
Anoten los títulos que han leído y los que se proponen leer o les gustaría leer. 
CONSIGNA DE ESCRITURA: Evoque los libros con los que ha escrito su libro interior. Relate su biografía lectora, relate su propio libro.

 SEIDL, ANA MARINA
Cuando estudiaba la carrera de Bibliotecología escuché hablar de Gustavo Roldán y sus variados libros. Por casualidad pude comprar y leer Sapo en Buenos Aires. (En ese tiempo no era lectora ni me llamaba la atención la lectura).
Este libro me gustó y me quedó grabado por la forma cómo Roldán relata el fabuloso viaje de Don Sapo desde la selva a la gran ciudad, sus experiencias de supervivencia, lo que vivió y lo que inventa a lo largo de su viaje.
Me gustó su fortaleza, su espíritu de aventura, la astucia para sobrevivir, su inteligencia para ir y volver de esa gran aventura y compartir sus vivencias con sus amigos de la selva.
Este libro me muestra y me enseña que la vida es un largo viaje con muchas aventuras, tropiezos, dolores, alegrías, entereza, inteligencia para sobrevivir, fortaleza, perseverancia, astucia.
Si nosotros, así como don Sapo andamos por la vida, lograremos atravesarla y volver a contarles a nuestros hijos, nietos, amigos, nuestra familia, las experiencias que hemos vivido.

RADKEVICH, FABIANA INÉS. Biblioteca: BP Nº 290 “Baldomero Fernández Moreno” Villa Ángela

   Siempre que leo o me piden el libro de Horacio Quiroga Cuentos de la Selva, me viene a la imaginación la localidad de Tres Isletas donde ingresé a trabajar como bibliotecaria en la biblioteca Pública. Allí se trabajaba en Extensión de Servicios con el “Hogar de Ancianos”.
 Visitamos a los abuelos y les narramos el cuento “Las medias de los Flamencos”. 
 Los ancianos, la mayoría de ellos, personas que trabajaban en el campo, en los obrajes, relataron sus vivencias de esos años. Manifestaron que vieron al lobisón, sufrieron picaduras de todo tipo y en particular de víboras, creían en la luz Mala y decían que tenían mucho miedo cuando debían trabajar en la noche y de repente les aparecía en la oscuridad. Pero que es necesario conocerla porque es una sola y de color amarillo, que esas luces salen de los entierros y persiguen a las personas, por eso no salían de noche, solo las veces que el patrón les ordenaba trabajar.

FEREZ, YOLI
Cuando éramos niñas  a mi hermanita y a mí, nos gustaba leer las historias de Disney, entre ellas “Cuentos de la selva”. Nos resultaba a ambas sumamente atrapante, puesto que cada página permitía realizar un viaje a un contexto totalmente novedoso: la selva. Allí aparecían personajes extraordinarios, los animales, que compartían aventuras en compañía de un pequeño niño que había crecido en ese lugar al cuidado de los animales. Su gran compañero era un tigre que además era su protección frente a los peligros de la selva.
Personalmente creo que era una gran historia, ya que esa amistad entre el niño y los animales me parecía fantástica, además me sentí identificada a lo largo de mi vida con dicha amistad ya que me gustan los animales y además los considero amigos fieles del hombre.

SEGOVIA, MABEL
Cuando era niña no tuve la oportunidad de escuchar a mi madre leyéndome cuentos. Ella no sabía leer. Aún así, siempre escuché ciertas leyendas como la del Pomberito, y conocí a algunos personajes como Caperucita, Blanca Nieves.
Nunca tuve mucho interés en la lectura. Pero he leído durante mi época de estudiante y durante el cursado de la carrera de Bibliotecología. Hasta no hace mucho, no saboreaba el gusto de la lectura. Leía por deber u obligación.
Algo interesante me ocurrió hace un tiempo. Me encontraba en mi lugar de trabajo en la Escuela de Enfermería donde todos los libros, que allí hay, son de medicina. En mis momentos libres leía algunos como el de Tortora, de anatomía y fisiología, Pathon y Thibodeau, manuales de medicina de la editorial Océano y otros relacionados con la especialidad.
Un día, encontré un libro en el escritorio de mi compañera. Un libro pequeño y de color distinto de los que había en la biblioteca. Su título me llamó la atención: “Los ojos del perro siberiano”. Se lo pedí a mi compañera y cuando abrí las primeras páginas, leí esta frase: “Es terrible darse cuenta de que uno tiene algo cuando lo está perdiendo. Eso es lo que me pasa a mí con mi hermano”.
Cuando leí esto me llamó la atención y comencé a leer página a página la historia de una familia con dos hijos varones, uno de 18 y el otro de 5 años, quien de adulto, relata la historia.  Y así, de esta manera, comencé mi viaje por este paisaje. Una familia aparentemente con todas las cualidades de familia perfecta, siendo otra en realidad. Su historia empezó a tocarme de tal manera, que siento que a partir de aquel momento miro el mundo desde otra perspectiva. La interrelación de los personajes era bastante cerrada. Lo que llamó mi atención es adónde llega una persona con su actitud hasta llegar a poder perder personas de su propia familia, por la apariencia y el qué dirán de la gente. Este joven contrae SIDA y toda su familia, una vez que él se va de su casa, hace como que nunca pasó nada. Pasado el tiempo, su hermano menor trata de relacionarse con él. El perro siberiano fue el único que permaneció a su lado, mirándolo día a día, hasta la muerte del joven. 
Esto me llevó a reflexionar y a cambiar mi manera de ver la realidad y la vida. Debemos dejar de cuestionar y juzgar la vida de los demás. Sí, aprovechar, disfrutar y vivir los momentos con cada persona o situación que se presenta. De todo sacamos enseñanza.

GODOY, IRIS ELENA- BP 473- Biblioteca escolar, Escuela 1057, Bo. Escalada.
La literatura comenzó a gustarme cuando estudiaba para bibliotecaria en el Instituto de Nivel Terciario. Leíamos todo tipo de textos literarios: poesía, cuentos, novelas, cortas y largas, fábulas, todo tipo de narraciones.
Desde ese momento tuve más acceso a los libros, porque en mi casa no había dinero suficiente; éramos muchos hermanos y no alcanzaba para libros. Apenas para comer y estudiar tenían mis viejos. Por eso traté de sacarle provecho a los libros e introducir más conocimientos sobre la literatura en general cuando estudiaba mi carrera.
Pero sí me acuerdo y me siento reflejado en las historias narradas por mi padre. Él nos contaba sobre el Pomberito, el viejo de la bolsa, la luz mala, entre otros. Me dejaron una marca y un recuerdo lindo de él. Como en estos momentos no está junto a nosotros, siento su presencia espiritual en mi corazón.
Cuando leo cuentos a los niños, trato de transmitirles con gestos y expresiones, mis ganas, mi empeño y dedicación a mi vocación. Mi padre me enseñó que si no tenía libros en la casa, pidiera a alguien que me leyera o contara una historia que le hubiera pasado en la vida. Me transmitió el valor de la narración oral, por su pervivencia y tradición.

RAMOS, LORENA
Edu, el personaje de El velero de cristal me dio mucha ternura cuando leí en el texto la soledad con que atravesaba su vida provocada por una discapacidad que tenía. Me recordó a alguien muy cercano a mí que, desde su soledad, le hace crear vida a un tigre que ve en una estatua: “no todos pueden soñar. Desde que llegaste de estoy observando, solo una cosa no me fue posible distinguir: su nombre”.
Cada vez que apoyes el oído en mi corazón, yo hablaré”
Un animal temible ante los ojos del hombre, pero tierno a la vez, que despierta el interés de ese joven solitario en su vida.  

POPOFF, DANIEL
Los recuerdos que tengo de mi infancia sobre libros y lecturas son escasos. En mi casa no había libros ni revistas, ningún material de lectura. Mis padres eran, prácticamente, analfabetos.
Durante mi paso por la escuela primaria no recuerdo haber leído libros de cuentos, poesías o novelas, ni de haber entrado a la biblioteca escolar.
Luego, cuando ingresé a la secundaria, recuerdo haber sido un alumno aplicado y constante con las tareas escolares, pero no de haber leído algún texto literario en particular que me haya marcado o gustado. Solía leer algunas revistas de historietas como Condorito y Patorucito y revistas de fútbol como El gráfico en casa de un compañero de colegio.
Posteriormente, cuando finalicé el secundario, después de un par de años, decido continuar mis estudios e inscribirme en la carrera de Bibliotecología. Allí, de alguna manera, comienzo a tener un contacto más fluido, directo con la literatura a través de la lectura de cuentos y poesías. Algunos autores que leí fueron: Horacio Quiroga, José Hernández, Leopoldo Marechal, Esteban Echeverría, Pablo Neruda, Gustavo Roldán, Roberto Fontanarrosa y Graciela Bialet.
Me gusta estar bien informado, leer diarios y estar en contacto con libros y textos literarios, pero no tengo mucho tiempo para dedicar a la lectura por gusto. Me gustaría cambiar esta realidad y darle un mayor espacio a la lectura en mi vida. Me gusta leer textos históricos y la historia argentina en particular.
Para concluir mi autobiografía lectora debo decir que desde que comencé a trabajar como profesional de la información (bibliotecario) en cada lugar donde me desempeño siempre traté y trato de incentivar en los alumnos el amor por la lectura y les brindo diferentes tipos de textos y creo un espacio para ello, de manera que tengan las oportunidades que yo no tuve: un contacto más fluido con la literatura.

PAULOVICH, LILIANA ESNILDA
La historia de Los ojos del perro siberiano comienza cuando el personaje cuenta donde vivía su familia y que su casa era muy grande, que a su mamá le encantaba hacer manualidades y cuidar su jardín. En cuanto a la relación con su padre era más seria. Su primer recuerdo con su hermano es el momento en que éste se va de la casa, él admiraba a su hermano Ezequiel. Un día cuando llega a su casa encuentra que su padre y Ezequiel están discutiendo, peleando y a él lo mandan a su cuarto. Luego sus padres le dicen que Ezequiel se fue de la casa porque había embarazado a su novia y no quería casarse, se negaba aunque ya habían interrumpido el embarazo. Él no estaba convencido de esa explicación y quería hablar con su hermano, decidió buscar la dirección e ir a hablar para que le contara a qué se debía la discusión. Ese viaje le cambiaría la vida. Cuando llegó, encontró a su hermano junto a Sacha, su perro siberiano. Le preguntó el motivo de la discusión y su hermano le responde que tenía sida.
Llegó su cumpleaños, que había preparado una semana antes con su amigo Mariano. Estuvieron su abuela y Ezequiel en su cumpleaños. Días más tarde, Ezequiel lo invitó a ver un partido de fútbol. Su papá lo dejó ir, a pesar de oponerse al principio. La pasaron muy lindo, contentos. Ezequiel lo acompaño hasta su casa pero no entró. Desde ese día su papá le prohibió que viera a su hermano.
Pasó mucho tiempo cuando decidió contar a su amigo que su hermano tenía sida. Su amigo se enojó y se fue y empezó a ignorarlo todo el tiempo. Entonces se cambió de colegio, pero su papá decidió internarlo en un instituto para que lo prepararan. En esa época, Ezequiel comenzó con complicaciones, con neumonía y debía tomar medicamentos fuertes y hacer ejercicios, caminatas. Caminando llegaba hasta el instituto con Sacha. Siempre decía que le encantaba estar con el perro porque era el único que lo miraba siempre igual.
Pasó el tiempo. Al año y fue a comprar un libro porque le gustaba leer y se encontró con unos amigos de su papá y le dijeron que se sentían mal por la enfermedad (leucemia) de su hermano Ezequiel. Por esto se sintió muy mal por la mentira de sus padres. Siempre trató de acompañar a su hermano, de estar juntos los últimos días de Ezequiel.
Ezequiel murió junto a su hermano cuando él tenía casi 13 años y Ezequiel unos 25, después de sufrir varios años esa enfermedad. Luego del entierro de su hermano, él se fue a estudiar a los Estados Unidos y después de varios años volvió al río, donde solía ir con Ezequiel. Ya no era lo mismo y no pudo cumplir con la última voluntad de su hermano: cuidar a Sacha. Sus padres no se lo permitieron. Sacha rompía el jardín de su madre.

LEGUIZAMÓN, FABIÁN
Me llamo Leguizamón, Fabián. Nací el 20 de marzo de 1978 en Villa Ángela. Cursé mis estudios primarios en la escuela 82 “Alberto Larroque”, que queda a 3 cuadras de mi domicilio, una escuela grande, con muchos árboles a su alrededor, un patio inmenso donde se podía jugar diferentes juegos.
Todas las tardes cuando salía de la escuela y llegaba a mi casa tomaba un libro que estaba en el ropero de mi madre. Seguramente, ese material lo habría usado alguno de mis hermanos o, quizás, fuera un regalo hecho por alguien.
En la tapa del libro había la imagen de un hombre sentado en el suelo, en su espalda tenía puesto un poncho amarillo y rojo y, a su alrededor, unos cuantos jarrones marrones.  Usaba ese libro para resolver las tareas diarias que me daba la maestra. El libro contaba con ilustraciones muy bonitas. Una de ellas decía: la aguja de mi madre. La madre sentada junto a la cama del más pequeño cose a la luz de la lámpara.
En la vida experimentamos momentos que quedan guardados en la memoria y después de un tiempo recobran vida. Después de muchos años, volví a encontrarme con ese libro en la biblioteca.
Hoy, en mi profesión de bibliotecario, recurro a él para satisfacer las necesidades de información que solicitan los usuarios que se acercan a la biblioteca. El valor que tenía ese material para mí, hoy se multiplica y puedo compartirlo con otros.


MAIDANA, PATRICIA
Cada vez que escucho estos títulos de cuentos La ratita presumida, El gato con botas, El lobo y los 7 cabritos, Hansel y Grettel, Pinocho y Pulgarcito me remonto y me detengo en el tiempo cuando era una niña de 8 años.
Por las tardes junto a mis primos nos sentábamos en el piso, recién encerado, del living de la casa de la Nona, mientras mi tía Nena preparaba todos los detalles para la tan esperada función: Los cuentos tradicionales.
Escuchaba estos cuentos narrados por españoles, a través de un disco de pasta y, sobre él, una púa tan fina recorría sus surcos en busca de la lectura de signos que el parlante reproducía, por medio de la voz en un antiguo, pero muy bien conservado tocadiscos. Parecía tan real lo que sucedía en los cuentos que colocaba mi oído cerca del parlante para escuchar hasta el más mínimo susurro, suspiro de la Ratita cuando la enamoró la galantería y la presencia del gato, por ejemplo.
Hoy, no puedo explicar la emoción que causa en mí recordar cada una de las frase y los sonidos reproducidos durante la narración, y mi sueño es que mis hijas puedan escucharlos algún día y disfruten de la misma manera como yo lo hacía y lo hago en mis recuerdos, aún hoy con 40 años.

ALEGRE, ANALÍA C.
A menudo me sucede en mi trabajo que los usuarios asisten en busca de historias, cuentos, leyendas para resolver sus tareas específicas de cada materia y me doy cuenta de que, muchas veces, buscando esa información me encuentro con historietas, cuentos y leyendas que, de niña, me contaban mis padres, como las leyendas de El Lobizón, Mate Cosido y los cuentos Hansel y Grettel, Caperucita Roja y Los 3 cerditos.
Y, a pesar del transcurrir del tiempo, vuelvo a ser aquella niña que escuchaba detenidamente los relatos de mis padres, me identifico con esos chicos que, en la búsqueda de información pueden viajar en el tiempo y sentir e imaginar todo aquello que yo viví y experimenté de muy niña.

ALEGRE, MARISA ESTHER
Bodas de sangre de Federico García Lorca es la obra que me impactó. La leí en el secundario y la releí trabajando en una biblioteca de un colegio secundario. Transcurre en una época, cuando la sociedad era muy tradicionalista y donde la mujer era tratada como un objeto que no tenía ningún tipo de libertad. Tenía que acatar los mandatos familiares, autoritarios y paternalistas y debía casarse y tener hijos. Por lo tanto tenía que cuidar su reputación para que sus padres encontraran un buen marido, aunque ella no lo conociera.
Creo que la mujer ha ganado muchos derechos en la actualidad y que debemos cuidar todos los días de no perderlos. Leyendo esta obre me doy cuenta y reflexiono sobre lo importante que es ser mujer. 

MEDINA ALCIRA
Mi libro interior está formado y escrito por los cuentos de fantasía, narrados por mi madre, cuando yo era pequeña. Cenicienta, Hansel y Grettel, Pulgarcito, Pinocho y otros cuentos tradicionales que luego despertaron mi vocación de trabajar con niños pequeños. Además los textos que leí, que no eran muchos,  en la escuelita rural donde asistí. En mi adolescencia leí el túnel de Ernesto Sábato que me ayudó a buscar en mi interior.

WEDERCZYK, JOFEFA ANTONIA
Hace muchos años, en mi infancia, recuerdo vivíamos en el campo y, entre las pocas cosas que teníamos para jugar, teníamos un libro, el único libro, que no sé cómo llegó a mi casa: Las mujercitas se casan de Luise Alcott. Nunca se me daba por leerlo y, un día de lluvia, cuando en el campo no hay muchas cosas para hacer, comencé a leer y me atrapó. Me lo leí todo y lo leí 3 o 4 veces, ya que era el único que tenía. Después de muchos años, cuando comencé a trabajar de bibliotecaria y lo encontré en los anaqueles de las bibliotecas, los recuerdos viajaron a mi infancia. Recordé todos los momentos que viví en mi niñez, muy feliz, recuerdos que no se olvidan y entonces me di cuenta de que ese libro marcó mi vida. 

LORINCZ, GRISELDA
El relato de los sueños vividos con la lectura de libros fue en mi adolescencia, yo me enojaba a veces porque eran muy largos los textos pero me sirvieron. El profesor nos hacía resumir los textos y estudiarlos.

CASTILLO, ZUNILDA VIVIANA

Mi familia era muy humilde y en mi casa no teníamos ningún libro, pero mi padre siempre me contaba anécdotas que él vivió y también sobre la luz mala, el pomberito, etc.
Lo que más me gustaba eran las poesías, de todo tipo. Hasta el día de hoy, que soy adulto, recuerdo algunas, especialmente la poesía dedicada a la bandera.

CARDOZO, CRISTINA
Hace muchos, muchos años, exactamente en 2001, una prima me regaló un libro: Como agua para chocolate. Una novela dividida en 12 capítulos y en cada uno se presenta una receta de comida.
La novela trata de la hija más pequeña y responsable de cuidar a su madre. También es la encargada de la cocina, ya que desde su nacimiento estuvo destinada a estar en ese lugar.
Me identifico mucho con este personaje, porque a pesar del tiempo que no pudieron estar juntos los protagonistas, al final sí estuvieron.
Los cuentos de terror para Franco también me recuerdan a mi infancia, cuando mi abuela, mientras tomábamos mates de leche, siempre nos contaba la leyenda del crespín, del pomberito y muchas más. Hoy todavía, cuando escucho el crespín, para el día de los muertos, es inevitable no acordarme de mi abuela y su relato. ¡Y todavía tengo miedo!

DALKE, IRMA ELENA
Mi última lectura de las vacaciones de enero fue Relaciones extraordinarias de Bernardo Stamateas. Es una lectura que nos lleva a nuestro mundo interior y nos ayuda a recapacitar sobre cómo es nuestra relación con el otro, cuáles son los obstáculos, la conducta que debemos moderar para construir una mejor relación laboral, amistosa o de parentesco. Es un texto de fácil comprensión a la que puede acceder desde un lector que recién se inicia hasta personas con ejercicio lector. Presenta testimonios de importantes empresarios cuyos consejos fueron adaptados para entablar una buena relación con sus pares. Es un libro muy recomendado.

GARCÍA, SONIA S.
Cuando era niña de 5 o 6 años, mi padre solía contarme historias sobre el Lobizón, la Luz mala, el Pomberito alrededor del fuego, a veces, en la madrugada u otras en noches de luna llena. Esas historias quedaron grabadas en mi mente por años. Mi papá falleció unos años después.
Hace 2 semanas me ocurrió algo que hizo revivir esos momentos. Estaba en la biblioteca y llegó un chico que me pidió un libro que tuviera la historia del Lobizón. Me contó que la había leído días atrás, pero no recordaba su nombre.
Busqué en todos los libros posibles, con los datos que el alumno me daba lo encontré. Estaba en los libros de Hugo Mitoire, Cuentos de terror para Franco. Muchas veces les había dado ese libro a los usuarios, pero nunca se me ocurrió mirar su contenido. Ese día lo hice y descubrí todas las historias que mi padre me contaba. Estaban allí, plasmadas en ese libro. ¡No lo podía creer! Fue una experiencia hermosa, ya que volví al pasado a través de esos libros. Un pasado que jamás olvidaré. 

PERALTA, LUCÍA ESTELA

Sin lugar a dudas, el primer libro del que tengo un recuerdo muy presente es El diario de Anna Frank. Leerlo me hizo entender o mejor dicho, conocer una realidad muy dura. Lo leí cuando tenía aproximadamente 12 años y había situaciones que relata Anna a las que yo era muy ajena. Me encontré, por primera vez, cuestionándome el porqué de un montón de cosas injustas, duras, dolorosas, inentendibles para mí. Leerlo me hizo crecer.
Otro libro fuerte en mi vida fue Proteo. Cuenta la historia de una pareja en los años de la dictadura en Argentina. Creo que lo que más me gustó cuando lo leí, fue saber que era real esa historia. Como soy una persona realista, disfruto leyendo historias que le sucedieron a alguien, esto no significa que no me guste también la fantasía.
De la autoestima al egoísmo, El camino del encuentro, son libros de psicología, de autoauyda, siempre me invitan a leerlos. No sé por qué, quizás encuentro en ellos respuestas o busco respuestas a cuestiones que tienen que ver con la conducta y el accionar de las personas. Desde aquí nace mi idea de que todo tiene un por qué, tengo un perdón para cada pecado capital.

VARGAS, LUISA ADRIANA
Cuando yo era niña, mi madre me contaba leyendas. Casi siempre lo hacía en los días de lluvia. Nos acostaba en su habitación y mi mamá comenzaba su historia con el mágico había una vez. Y comenzaba la historia.
Hace muchos, muchos años había un hombre que vivía con sus 5 hijos. Su esposa había fallecido al dar a luz al más pequeño. Por esta razón era el consentido del padre, pero no de los hermanos, que, lejos de quererlo, lo odiaban.
Un día el anciano cae enfermo de una terrible enfermedad y un doctor le diagnosticó que padecía una enfermedad que solo se curaría con una planta muy difícil de conseguir y que solo salía una vez en la cima de la cordillera. Los hermanos, cada uno por su lado, salieron en búsqueda de la flor y, bien de noche, regresaron a descansar alrededor de una fogata y, cansados, se durmieron. El más pequeño, a pesar del frío no quería perderse la oportunidad de encontrar la flor. Y así lo hizo. Muy de madrugada regresó y contento les contaba sobre el hallazgo a sus hermanos que, lejos de alegrarse, lo enterraron vivo.
Nunca olvidaré la impresión que me causaba esta leyenda y la manera en que mi madre trabajaba la moral y la conciencia.

VIDELA, DANILO

No soy un gran lector a pesar de mi profesión de bibliotecario. Reconozco que leo poco, no porque no me guste, sino por falta de tiempo. Actualmente, si queremos informarnos, en la televisión o en Internet encontramos el resumen de noticias y para leer por gusto es difícil porque lo dejamos para lo último. Priorizamos el correr detrás del dinero, (que nunca podemos juntarlo). El confort y la tecnología nos demandan cada vez más gastos y tenemos que trabajar muchas horas por día para cubrir los gastos básicos de una familia, por lo tanto la lectura por goce queda marginada.
No creo que algún libro que haya leído me marcara una huella o un camino  (como decía la consigna). Lo que sí reconozco es que me gusta demasiado lo que tiene que ver con la historia y algo de política. Leo, al menos, libros que contienen historia o de las primeras civilizaciones, prehistoria.
De niño leí muchas historietas, por citar algunos títulos: Patoruzú, Locuras de Isidoro, Correrías de Patorucito, Dartagnan, Nipur de Lagash, Dago, El mojado y varias más que salían en Fantasía e Intervalo.
En la actualidad leí algunos libros. Martín Fierro, partes del Lazarillo de Tormes, El principito, La cautiva y El matadero, Platero y yo, Cuentos de la selva, entre otros, pero lo que más me interesó fue la Biografía del Che Guevara de Hugo Gambini y El sindicalismo en el Chaco.    

ILLES, FABIANA GABRIELA
Mi viaje imaginario por mi biografía lectora comienza en mi dulce hogar, junto a mi familia,. Mis padres y hermanos eran lectores activos.
Durante la secundaria leí las lecturas escolares obligatorias como Martín Fierro, La celestina, Don Quijote de la Mancha, Juvenilia, entre otros.   
En la actualidad el libro que más leo, y que es más importante para mí, es La Biblia.
También hay un libro que me impactó y llegó a lo más profundo de mi corazón es Monte Madre de Jorge Micelli, 1975, época de la dictadura militar. Se trata de una historia real que sucedió en Argentina, en los montes chaqueños. Relata la vida de una pareja de esposos que pertenecían a las Ligas Agrarias, que debieron huir a los montes chaqueños y esconderse durante 2 años para no ser capturados por la policía que los buscaba incesantemente, durante el día y la noche. Durante el difícil camino de sed y hambre contaron con la llegada de 2 hijos al mundo. Luego pudieron salir y llegar sanos y salvos a Europa y regresaron a su patria en 1983 con el advenimiento de la democracia. 


sábado, 10 de agosto de 2013

ESCRITURA DE INVENCIÓN

Aquí se transcriben las resoluciones a la 
CONSIGNAS DE ESCRITURA DE INVENCIÓN: Después de leer estas “Ventanas” de Galeano, elija una de las consignas siguientes para escribir un relato:
Yo también viajé con Helena al país de los sueños. Narro el sueño que quiero soñar. (El país de los sueños).
Escribo el sueño bobo o el cómico o el sombrío que quieren ser soñados. En el sueño utilizo lo que trae Helena para que actúe en su sueño. (Los sueños de Helena).
Escribo alguno de los sueños olvidados de Helena o la respuesta a la pregunta de Claribel. (Los sueños olvidados). 

SEIDL, ANA MARINA

Había una vez una estación de trenes llena de luz y colores, con un clima muy cálido y agradable, donde todo era alegría.
Allí estábamos Helena y yo esperando en el andén; íbamos a partir en busca de los sueños de Helena. Era muy loco cuando me invitó y me propuso la aventura de viajar en busca de nuestros sueños.
Pero allí estábamos con nuestras valijas completas de ilusiones, afectos y alegría por llegar al encuentro de nuestros más grandes sueños, porque a los más chiquitos los llevábamos en nuestro baúl de cristal de la vida.
Mucho tiempo esperamos nuestro tren, hasta que por fin... ¡LLEGÓ!
Era un tren muy grande,  Por fin terminó nuestra espera y ansiedad.
Una vez emprendida la marcha, nuestra alegría era inmensa, hasta que llegamos al país de los sueños.
En ese país había sueños nuevos jamás soñados, sueños viejos y otros olvidados.
Pero, nosotras teníamos una meta: encontrar nuestros sueños para que se hicieran realidad. Caminamos y caminamos. Al fin, los encontramos, nuestros más preciados sueños. Era increíble!! No nos dimos cuenta que mientras los buscábamos ya los estábamos haciendo realidad. 


FEREZ, YOLI
Helena y yo volvimos a la isla en donde los sueños se hallaban olvidados. Eran demasiados, pero uno, en particular, llamaba la atención de Helena. Sin embargo trataba de evadir a ese sueño, puesto que la remitía a un pasado que trataba de olvidar. Pero él era insistente, brillaba como la luz de un faro en el medio de la niebla por lo que Helena acudió a ese llamado. Yo me quedé a su lado y observaba con ansias.
Una vez inmersa en dicho sueño aparece un rostro hermoso y familiar para Helena que trataba de acercarse a ella, pero ella pretendía alejarse de aquel rostro, experimentando sentimientos que oscilaban entre el amor y el odio. ¿Por qué huyes Helena? ¿No sabes que te sigo queriendo? ¿Acaso te olvidas que daba todo por ti? exclamó, pero Helena se alejó. Sonrió y le dijo “ya lo sé amor mío, sin embargo, todo ese amor no te sirvió de nada y decidiste engañar a mi corazón que aún sufre con tu recuerdo, solo me acerqué a ti para decirte adiós amor mío, ya te he perdonado”. Luego tomó mi mano y, juntas, nos alejamos de aquel hermoso rostro que quedó solo y sorprendido ante nuestra partida hacia el despertar

SEGOVIA, MABEL

Claribel preguntaba por teléfono a Helena:
-¿Qué hago con tus sueños?
Helena contestaba:
-          Ponlos en el ropero de la abuela, en la cajita azul que está guardada en el último cajón. No olvides de cerrar la puerta con llave.
Aunque desde que la abuela se fue a buscar sus sueños, que los había dejado en casa de tía Margarita, ya nadie volvía a entrar en su habitación.

GODOY, IRIS ELENA

Helena y yo viajábamos juntas al país de los sueños. Allí Helena acariciaba muchos sueños cómicos, alegres, divertidos y muy chistosos.
Helena junto a su conejo Bomba marchaba por todo el mundo contando sus sueños, mientras yo, por mis recuerdos, soñaba con tristeza y dolor. Pero un día, Helena, llena de picardía y astucia, me dijo:
-          Viajamos en un túnel donde solo estamos vos y yo, te enseñaré a soñar y vivir en un mundo de mariposas de colores y arco iris llenos de tesoros.

RAMOS, LORENA
Helena soñó que dejaba los sueños olvidados en mi caja secreta en mi mesa de luz. Cuando la vi, corrí hacia ella, recogí mi caja y salí a soñar.
En la caja cargué mis esperanzas en tener un mundo mejor, educación para todos, gobernantes honestos, con sabiduría, personas capaces de defender la integridad de una nación. Sueños de amor, de solidaridad, sueños de compromiso y respeto por el otro y por uno mismo. También cargué sueños de tolerancia de esperar siempre de que todo cambiará, sueños sin máscaras, con rostros agradables y llenos de alegría. Sueños de sonrisas de niños llenos de ilusión, de ancianos soñando que todas las mañanas, los rayos del sol iluminan sus rostros, sueños encantados de hadas y picaflor.
En ese viaje tan maravilloso de soñar, Helena, compañera de sueños, tocó mi hombro y me dice: sé tolerante, que los sueños, siempre sueños son…

POPOFF, Daniel.

Helena contaba a Claribel su sueño bobo.
Era un sueño recurrente, un sueño que nunca concluía, como todos sus sueños.
Comenzaba cuando caminaba por una vereda de un antiguo barrio, al frente de una casa en construcción se tropezaba con un poco de tierra y, de pronto, se encontraba con un orificio pequeño y profundo. Lo rodeaba y continuaba su camino pensando en que, al volver por allí, tendría cuidado de no caer…
Luego, cuando volvía por el mismo lugar, se distraía mirando una vidriera, donde estaba expuesta una máscara de vivos colores que llamaba poderosamente su atención porque le recordaban los días festivos del carnaval cuando era niña y paseaba por las calles de la ciudad de la mano de sus padres. Era entonces cuando caía y terminaba en el suelo, con una pierna incrustada en el fondo del orificio y, despertaba, dolorida y apesadumbrada. 
PAULOVICH, LILIANA ESNILDA

Los sueños se marchaban. Helena y yo emprendimos un largo viaje a la luz de la luna, por una carretera infinita viendo las maravillas de la naturaleza en esa noche estrellada, donde todo era tan paradisíaco, tranquilo, lleno de paz. En un momento nos miramos y nos dijimos qué hermoso sería si fuera realidad.

LEGUIZAMÓN, FABIÁN

Soñaba que soñaba. Yo también viajé con Helena al país de los sueños, pero a mi país y mi sueño.
No iba en carro ni en medio de transporte alguno. Caminaba, caminando, porque el sueño de mi sueño no existe el cansancio. Tampoco me afectaba para nada la multitud que se dirigía al mismo lugar, ni el bullicio de tanta gente, mi sueño me permitía aislarme por completo de todo.
Mi sueño solo iba concentrado en dar forma a mi país de sueños. En los sueños el tiempo no cuenta, de manera que no puedo decir cuánto tiempo me llevó llegar al país de mis sueños. Solo digo que llegué y me encontré con eso que soñaba.
En ese país de mis sueños no existían las estaciones. Los días eran cálidos y por las noches la temperatura no variaba. La abundante vegetación se ofrecía a cada paso con sus variables gamas de colores y formas.
También la música siempre estaba presente en el ambiente, con un variado repertorio ofrecido por la incontable variedad de aves de vistosos plumajes que dejaban oírse como únicos artistas.
Ese paisaje, el paisaje de los sueños, no podría ser captado, en toda su plenitud, en una postal.. cada rincón, cada planta, cada ave eran por sí solos una postal como si fuesen expresiones artísticas.  Pero de pronto, un sonido muy conocido y, que no me agradó, me sacó de mis sueños. Era un objeto verde, de metal, frío y cuyas agujas marcaban las 8 de la mañana, hora de volver a mi rutina diaria, pero esta vez, en otra selva, hecha de cemento y bocinazos… Ese es el despertador que nos mantiene despiertos a todos.

MAIDANA, PATRICIA

Desde pequeña a Helena le inculcaron que los sueños:
durante la noche se diseñan,
al despertar, se los plasma en un papel, 
durante un mes, se los recuerda y
en vida deben concretarse.

ALEGRE, ANALÍA C.

Unos cuantos sueños nuevos, jamás soñados, formaban cola. Pero Helena no podía soñarlos a todos, no había manera. Entonces lo que sucedió fue que ella tomaba a cada uno de estos sueños y los soñaba, así como nosotros tomamos algunas cosas lindas para luego soñarlos y transportarlos en esas noches largas cuando todo es hermoso, maravilloso y no existen la maldad, el egoísmo y la envidia. Todo se desarrolla en un marco de los sueños, volar a través del tiempo y que todo se convierte en esa palabra que todo lo logra: el mundo de lo mágico.

MEDINA, ALCIRA

Yo viajaba con Helena en un carro de caballos al país donde se sueñan los sueños, junto a la perrita Pepa Lumpen y la gallina que iba a trabajar en un sueño. Del baúl de máscaras y trapos de colores de Helena, tomé algunas máscaras y trapos de colores. Los repartí a la gente que encontramos en el camino. En el trayecto, al costado de la ruta, se hallaba un grupo de docentes protestando porque ellos, también, tenían un gran sueño: mejor salario, acorde a su desempeño laboral, edificios escolares en buenas condiciones, el trato y respeto que se merecen por la importancia que tiene la educación en un país. ¿Será posible lograr este sueño?

WEDERCZYK, JOFEFA ANTONIA
Yo también viajé con Helena al país de los sueños. En el viaje sonábamos con llegar a ese lugar mágico donde los sueños se hacen realidad, a ese lugar donde todo se puede lograr, donde el sacrificio vale, donde el esfuerzo te recompensa.
Y viajábamos y viajábamos, cuando de repente nos dimos cuenta que habíamos llegado a ese lugar que tanto anhelábamos. Nuestro sueño se hizo realidad y estábamos ahí. En ese país de los sueños donde la magia se respiraba en el aire, estábamos ahí, en nuestro país, en nuestra patria, nuestra Argentina.

CASTILLO, ZUNILDA VIVIANA
Había una vez, unos sueños que se paseaban de cajón en cajón y eran, tan inquietos, que no se quedaban en ningún lugar.
Un día se olvidaron de cerrar la ventana y los sueños de Helena salieron a volar. Todos salieron corriendo. Quienes los veían en su vuelo  se preguntaban: ¿adónde van los sueños de Helena?, ¿irán al país de las maravillas o al país de nunca jamás, o tal vez, al país de los sueños? Quién sabe adónde irán.

CARDOZO, CRISTINA

Iba  caminando por las calles empapadas de olvido, iba sin luz, iba sin sol, sin un sentido, hasta que me encontré en un sueño buscando hacerlos realidad, sin darme cuenta de que los sueños sueños son, pero en la vida se hacen realidad.

Viaja, viaja, no te hace falta equipaje, viaja al país de los sueños, donde puedes llevar a todos los que quieras y por cuánto tiempo quieras. En este viaje nada es imposible, nada podrá detenernos. Ahora somos de titanio, invencibles, donde puedes bailar y cantar, donde puedes ser lo que quieras. En los sueños vivimos lo que en la realidad no nos animamos. Lo bueno de los sueños es que bueno viajar para volver a la realidad. A los sueños siempre podemos regresar, aunque tengamos sueños imposibles.

DALKE, IRMA ELENA

Yo también viajé con Helena al país de los sueños.
Soñaba que viajábamos al país de los libros perdidos. Llegamos a un lugar donde estaban los libros bien guardados esperando ser leídos por los visitantes.

GARCÍA, SONIA S.

Los sueños se marchaban de viaje. Helena y yo íbamos hasta la estación del ferrocarril. Desde el andén, Helena les decía adiós con un pañuelo, en cambio, yo, con lágrimas en los ojos, observaba marcharse  aquellos sueños pasados que nunca más volverían. Iban desapareciendo a medida que se alejaba el tren. Viajaban a lugares lejanos, inciertos, inimaginables, pero no se detenían en ningún lugar. Viajaban sin parar hasta quedarse quietos por algún momento. Esos sueños del pasado no volvieron. Aun siguen viajando.

GÓMEZ, MARÍA VANESA
¡Hola! Soy el sueño sombrío de Helena, ese que la hace despertar y temblar desde pequeña. Aquel del que ella no quiere ni hablar. Aunque sabe que soy producto de su imaginación, me teme y no me quiere soñar. Mi intención no es asustarla, sino alertarla sobre lo que puede sucederle si sigue andando sola por las calles oscuras de las ciudades violentas.

PERALTA, LUCÍA ESTELA

Yo también viajé con Helena al país de los sueños. Llegamos allí, atravesando el océano en el crucero más mágico e irreal que jamás nadie haya conocido. Toda aquella persona que subía se transformaba en la mejor versión de sí misma, con la extraña capacidad de soñar, aun estando despierto, de volar sabiendo que nunca llegaría a tener alas y, sobre todas las cosas, con la firme convicción de que la felicidad es un decisión absolutamente personal.

VARGAS, LUISA ADRIANA

Helena, distraída, caminaba por el andén del ferrocarril. De repente, sus sueños traviesos se colgaron de los vagones de los trenes mientras Helena desesperada los llamaba. Volvió a buscar en su cartera, corrió al bar donde había estado, soñando despierta. ¿Acaso, no era eso lo que más anhelaba?
Un ruido la volvió a la realidad y, en ese preciso instante, se volaron y ahora no sabe dónde están.
Buscó un taxi, se fue al andén y allí, con un hermoso pañuelo, se despidió de ellos prometiéndoles buscarlos y alcanzarlos, hasta que ya no sean sueños.

Ese día Helena se levantó con ganas de recuperar sus sueños olvidados, pero ¿dónde estarían?
Quizás en el cajón del aparador o en un baúl viejo guardado en casa de su abuela materna Dalila. Para recuperar y revisar el baúl debía viajar varios días, pero valió la pena.
Esa noche le haría caso al sueño bobo. Apenas comenzó su sueño, viajó con ellos en el lugar donde estaban, pero despertó.

VIDELA, DANILO
Corría 1983. Helena volvía a Buenos Aires, pero no sabía en qué idioma hablar ni con qué dinero pagar. Parada en la esquina de Pueyrredón y Las Heras esperaba que pasara el 60, que no venía, que nunca vendría. Todo se le hace difícil y, cada vez, más complejo. Es que, durante el exilio, rodó de un país a otro, aprendió a hablar en varios idiomas extranjeros y casi se olvidó del nuestro. Y, en su cartera que de tanto acompañarla estaba algo vieja y desgastada, tenía diferentes billetes y no recuerda si en Buenos Aires se paga en australes, patacones o pesos.
Helena tuvo que irse, no le dejaron opción. A pesar de ser una brillante profesora universitaria se quedó sin armas para seguir luchando junto a colegas y alumnos. Las amenazas, que no eran falsas,  se hacían sentir cada vez más con las desapariciones de las personas, compañeras de lucha.
Pero no perdió el tiempo. Durante el exilio siempre soñaba con volver a su patria  y poder vivir libre con un gobierno democrático, donde pudiera luchar por sus derechos. En un tiempo escribió canciones de protesta, que se encargaba de hacerles llegar a los cantantes del momento.
Hoy, parada en Pueyrredón y Las Heras, observa caminar libremente a la gente y siente que sus sueños plasmados en un papel, en esos lejanos lugares, se hicieron realidad.

ILLES, HÉCTOR RAÚL
La noche fue difícil. No recuerdo dónde estuve. La cabeza duele un poco. Tal vez, el exceso de comida, no, seguro la bebida. La cerveza siempre hace mal cuando fermenta en el cuerpo. Y bueno, maletín en mano y… a laburar.
Camino lentamente por la vereda disimulando la resaca de la noche anterior. Me apresto a cruzar la calle. Al poner un pie en ella, el derecho se incrusta en una hendidura y caigo sobre el asfalto… asfalto… ¿qué pasó? No es asfalto. Piedras colocadas una al lado de la otra. Recorro con mi vista y, absorto, las observo a lo largo de la calle... ¿Adoquines en Villa Ángela? Me pregunto en silencio.
Miro hacia arriba y la estación de trenes se aparece frente a mí como una postal traída el pasado. Al tiempo, desde la esquina, con su particular forma de hablar Chingolo me pregunta: “se golpeó, maestro”, y tarareando una milonguita, me extendió su pequeña mano y me ayudó a levantarme y, asombrado, me pregunto: ¿”adoquines en villa Ángela”? sacudo la arenilla de mi ropa, cuando desde el frente al kiosco de Pacheco, fileteado al estilo de la Boca de Buenos Aires, el Nene Verón con su cuerno al costado, le saca la Cumparsita a un organillo, a la vez, que dos mocetones ensayan un 2 por 4 para llamar el interés de alguna vecina que sale o entra en la carnicería de don Colman.
El sonido de un tren que, al frente de la estación semeja el asma de un bandoneón, distrae mi atención. Baja gente del tren. Los hombres se reparten entre Memendi y Huguet, donde la señora de Memendi, cantando “Se dice de mí”, emulando a la Tita, recorre las mesas atendiendo a los comensales. Las mujeres en Las Americanas y La casa del Pueblo renuevan, algunas, sus vestuarios y otras sus vistas. Los niños corretean en la vereda o juegan con sus dedos rebordean el adoquín, otros se asombran con la cartelera del cine Cervantes, mientras Cantinflas saca brillo a la marquesina y don Morales acomoda golosinas en el kiosco del cine.
Al sonido de cascos de caballos, golpeando el adoquín, se ven pasar carros de gringos hacia Marantz, aunque antes pasaron por la bodega El Tajal. Algunos muchachotes, aun de cortos y tiradores, practican algunos piropos en el farolito de la esquina del villar La Villa.
Atónito, transito por la avenida y, en el interior del Internacional, veo a Tanque haciendo equilibrio entre las mesas con su bandeja, al “marche uno de jamón y queso”, mientras el Lungo Arece y Chulo Salom juegan una loba con Chacho que los mira de reojo tratando de decidir a quién votar. Continúo y doy vuelta en la esquina justo cuando el Gringo Alejandre termina de escribir en la pizarra de su panadería “firuletes calentitos”. Más allá, don Kalocchia, entre motores y cables, se pasa la mañana y Gardel, desde su vieja radio, le regala Volver, que pareciera transportarlo a su Italia querida.
Llego a la plaza y el Ateneo se prepara para una noche de risas y cuentos pues Luis se despide de su pueblo. Va a probar suerte a la capital. En la glorieta juegan algunas niñas, en tanto, sobre un banco de madera, Lolo cuenta detalles de aquella hazaña de terminar una carrera con el auto marcha atrás.
Sin darme cuenta la noche despidió a la tarde. Camino sobre calles de tierra y me pregunto: ¿adoquines en Villa Ángela? De repente, como si un gran telón se abriese, aparece ante mí una majestuosa taberna, como si extirpada del mismo riachuelo y sus luces de colores dejan ver su nombre Toy Mar. Me acerco hacia la entrada y se escucha desde adentro el bandoneón de Troilo y hasta pareciera que el mismo Astor dirigiera la orquesta y, ante mi asombro y estupor, Cambalache se confunde entre la voz del Polaco y Edmundo, si hasta el mismísimo Gardel pareciera completar el trío. Me dispongo a entrar cuando una mano en mi hombro me detiene. Me doy vuelta y el Gordo Morales, entre tos y ronquera de cigarrillos, me dice: “flaco, te dormiste”. Pestañeo varias veces y aparece ante mí el patio de la radio.

Cada rincón de mi alma es tomado inconsolable. Afuera brama el viento helado y mi realidad se descompone en una lluvia de sombras. Estoy aquí, en mi cuarto, solo con mis recuerdos, fantasmas que habitan mi alma y juegan con el dolor. Es que Helena se fue. Se escapó en un sueño y, en ese instante, cayó el telón de mi vida.
Me gasté todas las palabras, todas las lágrimas. Es como si el mundo se abriese bajo mis pies y cayese en un abismo donde las soledades se confunden con las tristezas; como si hubiese perdido todo: mis manos, mis pies, mis ojos. Yo mismo he muerto un poco en ella. Era lo que más amaba en el mundo. Tal vez, por eso me parece tan vacío.
La copa recibe otro chorro. El cenicero, un cigarrillo más. Pero ni el sorbo ni el humo tienen otro sabor que no sea el ocre sabor de la angustia. El reloj, desde su bronce, grita las 3 de la mañana. No queda nada por hacer. Mañana todo será igual. La calle, la plaza, la gente transitará con el mismo apuro e indiferencia. Solamente yo habré cambiado.
Apagaré la luz. Tal vez la oscuridad me lleve con el sueño de Helena. Si no hay esperanza, para qué… para qué sirve el dolor.

ILLES, FABIANA GABRIELA
Helena volvía a Buenos Aires, pero no sabía en qué idioma hablar ni con qué dinero pagar. Parada en la esquina de Pueyrredón y Las Heras esperaba que pasara el 60, que no venía, que nunca vendría.
Helena se quedó varias horas esperando el 60 hasta que el sol se escondió y la noche llegó y, con ella, una hermosa luna nueva. De repente, pudo visualizar muy lejos, una luz que se acercaba a ella cada vez más. Era un colectivo de línea con la inscripción RETIRO.
Helena subió al colectivo. Todo lo que la rodeaba era extraño para ella. Luego de observar todo, se sentó en el último asiento y en la siguiente parada se bajó y volvió caminando a Pueyrredón y Las Heras.


Helena se quedó en su pasado esperando el 60 que nunca vendrá. ¿Podrá Helena despertar de su sueño y volver  del exilio e integrarse nuevamente a nuestra sociedad?  ¿Esto es solo un sueño? No. Pero yo me pregunto si todas aquellas personas que fueron exiliadas durante la dictadura militar, algunas volvieron a la Argentina y se integraron a la sociedad, pero tal vez, otras quedaron como Helena en el sueño en Pueyrredón y Las Heras esperando el 60 que nunca vendría. 


MANSILLA, MARÍA INÉS
Helena volvía a Buenos Aires pero no sabía en qué idioma hablar ni con qué dinero pagar. Parada en la esquina de Pueyrredón y Las Heras esperaba que pasara el tren, el que hace mucho tiempo se había llevado sus sueños. Algo la perturba, algo la inquieta, nada es igual, y en una vieja pared, un autor, un cartel:"no nos dejan soñar, no los dejaré dormir"


Los sueños se marchaban de viaje. Helena iba hasta la estación del ferrocarril. Desde el andén les decía adiós con un pañuelo. 
El cazador de sueños los vio, los corrió, los anheló, los perdió, los lloró.

PÁEZ, CARLOS ANTONIO

Los sueños se marchaban de viaje, Helena iba hasta la estación del ferrocarril. Desde el andén, les decía adiós con un pañuelo, las lágrimas corrían por sus mejillas sin control, cosa que no le permitía pensar que ellos seguirían en ella si se lo permitiera. Los sueños son el impulso que da vida, lo que permite imaginar un futuro que nos alienta a seguir con la esperanza de una nueva realidad. La vida nos pone a prueba con piedras en el camino que no nos deja ver que hay un mañana, ese es el momento en que los sueños viajan, pero si logramos sortear las adversidades, podremos cambiar nuestro presente y futuro.... "y si no podemos, soñemos"