COMPARTIR LECTURAS: PUENTES Y REDES
RESOLUCIÓN DE CONSIGNAS PRIMER ENCUENTRO
(abril 28 y 29)
Los invito a programar su HOJA
DE RUTA O CARTA DE NAVEGACIÓN por recorrer en este curso.
Recorran los armarios de la
biblioteca. Viajen, paseen por sus estantes y seleccionen los libros, títulos,
cuentos y poesías que forman el paisaje de su viaje.
Anoten los títulos que han leído y
los que se proponen leer o les gustaría leer.
CONSIGNA DE ESCRITURA:
Evoque los libros con los que ha
escrito su libro interior. Relate su biografía lectora, relate su propio libro.
SEIDL, ANA MARINA
Cuando estudiaba
la carrera de Bibliotecología escuché hablar de Gustavo Roldán y sus variados
libros. Por casualidad pude comprar y leer Sapo en Buenos Aires. (En ese tiempo no era lectora ni me llamaba la
atención la lectura).
Este libro me
gustó y me quedó grabado por la forma cómo Roldán relata el fabuloso viaje de
Don Sapo desde la selva a la gran ciudad, sus experiencias de supervivencia, lo
que vivió y lo que inventa a lo largo de su viaje.
Me gustó su
fortaleza, su espíritu de aventura, la astucia para sobrevivir, su inteligencia
para ir y volver de esa gran aventura y compartir sus vivencias con sus amigos
de la selva.
Este libro me
muestra y me enseña que la vida es un largo viaje con muchas aventuras,
tropiezos, dolores, alegrías, entereza, inteligencia para sobrevivir,
fortaleza, perseverancia, astucia.
Si nosotros, así
como don Sapo andamos por la vida, lograremos atravesarla y volver a contarles
a nuestros hijos, nietos, amigos, nuestra familia, las experiencias que hemos
vivido.
RADKEVICH,
FABIANA INÉS. Biblioteca: BP Nº 290 “Baldomero Fernández
Moreno” Villa Ángela
Siempre que leo o me piden el libro de
Horacio Quiroga Cuentos de la Selva, me viene a la imaginación la localidad de
Tres Isletas donde ingresé a trabajar como bibliotecaria en la biblioteca
Pública. Allí se trabajaba en Extensión de Servicios con el “Hogar de
Ancianos”.
Visitamos a los abuelos y les narramos el
cuento “Las medias de los Flamencos”.
Los ancianos, la mayoría de ellos, personas
que trabajaban en el campo, en los obrajes, relataron sus vivencias de esos
años. Manifestaron que vieron al lobisón, sufrieron picaduras de todo tipo y en
particular de víboras, creían en la luz Mala y decían que tenían mucho miedo
cuando debían trabajar en la noche y de repente les aparecía en la oscuridad.
Pero que es necesario conocerla porque es una sola y de color amarillo, que
esas luces salen de los entierros y persiguen a las personas, por eso no salían
de noche, solo las veces que el patrón les ordenaba trabajar.
FEREZ, YOLI
Cuando
éramos niñas a mi hermanita y a mí, nos
gustaba leer las historias de Disney, entre ellas “Cuentos de la selva”. Nos
resultaba a ambas sumamente atrapante, puesto que cada página permitía realizar
un viaje a un contexto totalmente novedoso: la selva. Allí aparecían personajes
extraordinarios, los animales, que compartían aventuras en compañía de un
pequeño niño que había crecido en ese lugar al cuidado de los animales. Su gran
compañero era un tigre que además era su protección frente a los peligros de la
selva.
Personalmente
creo que era una gran historia, ya que esa amistad entre el niño y los animales
me parecía fantástica, además me sentí identificada a lo largo de mi vida con
dicha amistad ya que me gustan los animales y además los considero amigos
fieles del hombre.
SEGOVIA,
MABEL
Cuando era
niña no tuve la oportunidad de escuchar a mi madre leyéndome cuentos. Ella no
sabía leer. Aún así, siempre escuché ciertas leyendas como la del Pomberito, y
conocí a algunos personajes como Caperucita, Blanca Nieves.
Nunca tuve
mucho interés en la lectura. Pero he leído durante mi época de estudiante y
durante el cursado de la carrera de Bibliotecología. Hasta no hace mucho, no
saboreaba el gusto de la lectura. Leía por deber u obligación.
Algo
interesante me ocurrió hace un tiempo. Me encontraba en mi lugar de trabajo en
la Escuela de Enfermería donde todos los libros, que allí hay, son de medicina.
En mis momentos libres leía algunos como el de Tortora, de anatomía y
fisiología, Pathon y Thibodeau, manuales de medicina de la editorial Océano y otros
relacionados con la especialidad.
Un día,
encontré un libro en el escritorio de mi compañera. Un libro pequeño y de color
distinto de los que había en la biblioteca. Su título me llamó la atención: “Los
ojos del perro siberiano”. Se lo pedí a mi compañera y cuando abrí las
primeras páginas, leí esta frase: “Es
terrible darse cuenta de que uno tiene algo cuando lo está perdiendo. Eso es lo
que me pasa a mí con mi hermano”.
Cuando leí
esto me llamó la atención y comencé a leer página a página la historia de una
familia con dos hijos varones, uno de 18 y el otro de 5 años, quien de adulto,
relata la historia. Y así, de esta
manera, comencé mi viaje por este paisaje. Una familia aparentemente con todas
las cualidades de familia perfecta, siendo otra en realidad. Su historia empezó
a tocarme de tal manera, que siento que a partir de aquel momento miro el mundo
desde otra perspectiva. La interrelación de los personajes era bastante
cerrada. Lo que llamó mi atención es adónde llega una persona con su actitud
hasta llegar a poder perder personas de su propia familia, por la apariencia y
el qué dirán de la gente. Este joven contrae SIDA y toda su familia, una vez
que él se va de su casa, hace como que nunca pasó nada. Pasado el tiempo, su
hermano menor trata de relacionarse con él. El perro siberiano fue el único que
permaneció a su lado, mirándolo día a día, hasta la muerte del joven.
Esto me
llevó a reflexionar y a cambiar mi manera de ver la realidad y la vida. Debemos
dejar de cuestionar y juzgar la vida de los demás. Sí, aprovechar, disfrutar y
vivir los momentos con cada persona o situación que se presenta. De todo
sacamos enseñanza.
GODOY, IRIS ELENA- BP 473-
Biblioteca escolar, Escuela 1057, Bo. Escalada.
La
literatura comenzó a gustarme cuando estudiaba para bibliotecaria en el
Instituto de Nivel Terciario. Leíamos todo tipo de textos literarios: poesía,
cuentos, novelas, cortas y largas, fábulas, todo tipo de narraciones.
Desde ese
momento tuve más acceso a los libros, porque en mi casa no había dinero
suficiente; éramos muchos hermanos y no alcanzaba para libros. Apenas para
comer y estudiar tenían mis viejos. Por eso traté de sacarle provecho a los
libros e introducir más conocimientos sobre la literatura en general cuando
estudiaba mi carrera.
Pero sí me
acuerdo y me siento reflejado en las historias narradas por mi padre. Él nos
contaba sobre el Pomberito, el viejo de la bolsa, la luz mala, entre otros. Me
dejaron una marca y un recuerdo lindo de él. Como en estos momentos no está
junto a nosotros, siento su presencia espiritual en mi corazón.
Cuando leo
cuentos a los niños, trato de transmitirles con gestos y expresiones, mis
ganas, mi empeño y dedicación a mi vocación. Mi padre me enseñó que si no tenía
libros en la casa, pidiera a alguien que me leyera o contara una historia que
le hubiera pasado en la vida. Me transmitió el valor de la narración oral, por
su pervivencia y tradición.
RAMOS, LORENA
Edu, el
personaje de El velero de cristal me dio mucha ternura cuando leí en el
texto la soledad con que atravesaba su vida provocada por una discapacidad que
tenía. Me recordó a alguien muy cercano a mí que, desde su soledad, le hace
crear vida a un tigre que ve en una estatua: “no todos pueden soñar. Desde que
llegaste de estoy observando, solo una cosa no me fue posible distinguir: su
nombre”.
Cada vez
que apoyes el oído en mi corazón, yo hablaré”
Un animal
temible ante los ojos del hombre, pero tierno a la vez, que despierta el
interés de ese joven solitario en su vida.
POPOFF, DANIEL
Los recuerdos
que tengo de mi infancia sobre libros y lecturas son escasos. En mi casa no
había libros ni revistas, ningún material de lectura. Mis padres eran,
prácticamente, analfabetos.
Durante mi
paso por la escuela primaria no recuerdo haber leído libros de cuentos, poesías
o novelas, ni de haber entrado a la biblioteca escolar.
Luego,
cuando ingresé a la secundaria, recuerdo haber sido un alumno aplicado y
constante con las tareas escolares, pero no de haber leído algún texto
literario en particular que me haya marcado o gustado. Solía leer algunas
revistas de historietas como Condorito y Patorucito y revistas de fútbol como
El gráfico en casa de un compañero de colegio.
Posteriormente,
cuando finalicé el secundario, después de un par de años, decido continuar mis
estudios e inscribirme en la carrera de Bibliotecología. Allí, de alguna
manera, comienzo a tener un contacto más fluido, directo con la literatura a
través de la lectura de cuentos y poesías. Algunos autores que leí fueron:
Horacio Quiroga, José Hernández, Leopoldo Marechal, Esteban Echeverría, Pablo
Neruda, Gustavo Roldán, Roberto Fontanarrosa y Graciela Bialet.
Me gusta
estar bien informado, leer diarios y estar en contacto con libros y textos
literarios, pero no tengo mucho tiempo para dedicar a la lectura por gusto. Me
gustaría cambiar esta realidad y darle un mayor espacio a la lectura en mi
vida. Me gusta leer textos históricos y la historia argentina en particular.
Para
concluir mi autobiografía lectora debo decir que desde que comencé a trabajar
como profesional de la información (bibliotecario) en cada lugar donde me
desempeño siempre traté y trato de incentivar en los alumnos el amor por la
lectura y les brindo diferentes tipos de textos y creo un espacio para ello, de
manera que tengan las oportunidades que yo no tuve: un contacto más fluido con
la literatura.
PAULOVICH, LILIANA ESNILDA
La
historia de Los ojos del perro siberiano comienza cuando el personaje
cuenta donde vivía su familia y que su casa era muy grande, que a su mamá le
encantaba hacer manualidades y cuidar su jardín. En cuanto a la relación con su
padre era más seria. Su primer recuerdo con su hermano es el momento en que
éste se va de la casa, él admiraba a su hermano Ezequiel. Un día cuando llega a
su casa encuentra que su padre y Ezequiel están discutiendo, peleando y a él lo
mandan a su cuarto. Luego sus padres le dicen que Ezequiel se fue de la casa
porque había embarazado a su novia y no quería casarse, se negaba aunque ya
habían interrumpido el embarazo. Él no estaba convencido de esa explicación y
quería hablar con su hermano, decidió buscar la dirección e ir a hablar para
que le contara a qué se debía la discusión. Ese viaje le cambiaría la vida.
Cuando llegó, encontró a su hermano junto a Sacha, su perro siberiano. Le
preguntó el motivo de la discusión y su hermano le responde que tenía sida.
Llegó su
cumpleaños, que había preparado una semana antes con su amigo Mariano.
Estuvieron su abuela y Ezequiel en su cumpleaños. Días más tarde, Ezequiel lo
invitó a ver un partido de fútbol. Su papá lo dejó ir, a pesar de oponerse al
principio. La pasaron muy lindo, contentos. Ezequiel lo acompaño hasta su casa
pero no entró. Desde ese día su papá le prohibió que viera a su hermano.
Pasó mucho
tiempo cuando decidió contar a su amigo que su hermano tenía sida. Su amigo se
enojó y se fue y empezó a ignorarlo todo el tiempo. Entonces se cambió de
colegio, pero su papá decidió internarlo en un instituto para que lo
prepararan. En esa época, Ezequiel comenzó con complicaciones, con neumonía y
debía tomar medicamentos fuertes y hacer ejercicios, caminatas. Caminando
llegaba hasta el instituto con Sacha. Siempre decía que le encantaba estar con
el perro porque era el único que lo miraba siempre igual.
Pasó el
tiempo. Al año y fue a comprar un libro porque le gustaba leer y se encontró
con unos amigos de su papá y le dijeron que se sentían mal por la enfermedad
(leucemia) de su hermano Ezequiel. Por esto se sintió muy mal por la mentira de
sus padres. Siempre trató de acompañar a su hermano, de estar juntos los
últimos días de Ezequiel.
Ezequiel
murió junto a su hermano cuando él tenía casi 13 años y Ezequiel unos 25,
después de sufrir varios años esa enfermedad. Luego del entierro de su hermano,
él se fue a estudiar a los Estados Unidos y después de varios años volvió al
río, donde solía ir con Ezequiel. Ya no era lo mismo y no pudo cumplir con la
última voluntad de su hermano: cuidar a Sacha. Sus padres no se lo permitieron.
Sacha rompía el jardín de su madre.
LEGUIZAMÓN, FABIÁN
Me llamo
Leguizamón, Fabián. Nací el 20 de marzo de 1978 en Villa Ángela. Cursé mis
estudios primarios en la escuela 82 “Alberto Larroque”, que queda a 3 cuadras
de mi domicilio, una escuela grande, con muchos árboles a su alrededor, un
patio inmenso donde se podía jugar diferentes juegos.
Todas las
tardes cuando salía de la escuela y llegaba a mi casa tomaba un libro que
estaba en el ropero de mi madre. Seguramente, ese material lo habría usado
alguno de mis hermanos o, quizás, fuera un regalo hecho por alguien.
En la tapa
del libro había la imagen de un hombre sentado en el suelo, en su espalda tenía
puesto un poncho amarillo y rojo y, a su alrededor, unos cuantos jarrones
marrones. Usaba ese libro para resolver
las tareas diarias que me daba la maestra. El libro contaba con ilustraciones muy
bonitas. Una de ellas decía: la aguja de mi madre. La madre
sentada junto a la cama del más pequeño cose a la luz de la lámpara.
En la vida
experimentamos momentos que quedan guardados en la memoria y después de un
tiempo recobran vida. Después de muchos años, volví a encontrarme con ese libro
en la biblioteca.
Hoy, en mi
profesión de bibliotecario, recurro a él para satisfacer las necesidades de
información que solicitan los usuarios que se acercan a la biblioteca. El valor
que tenía ese material para mí, hoy se multiplica y puedo compartirlo con
otros.
MAIDANA, PATRICIA
Cada vez
que escucho estos títulos de cuentos La ratita presumida, El gato con botas, El
lobo y los 7 cabritos, Hansel y Grettel, Pinocho y Pulgarcito me
remonto y me detengo en el tiempo cuando era una niña de 8 años.
Por las
tardes junto a mis primos nos sentábamos en el piso, recién encerado, del
living de la casa de la Nona, mientras mi tía Nena preparaba todos los detalles
para la tan esperada función: Los cuentos tradicionales.
Escuchaba
estos cuentos narrados por españoles, a través de un disco de pasta y, sobre
él, una púa tan fina recorría sus surcos en busca de la lectura de signos que
el parlante reproducía, por medio de la voz en un antiguo, pero muy bien
conservado tocadiscos. Parecía tan real lo que sucedía en los cuentos que
colocaba mi oído cerca del parlante para escuchar hasta el más mínimo susurro,
suspiro de la Ratita cuando la enamoró la galantería y la presencia del gato,
por ejemplo.
Hoy, no
puedo explicar la emoción que causa en mí recordar cada una de las frase y los
sonidos reproducidos durante la narración, y mi sueño es que mis hijas puedan
escucharlos algún día y disfruten de la misma manera como yo lo hacía y lo hago
en mis recuerdos, aún hoy con 40 años.
ALEGRE, ANALÍA C.
A menudo
me sucede en mi trabajo que los usuarios asisten en busca de historias,
cuentos, leyendas para resolver sus tareas específicas de cada materia y me doy
cuenta de que, muchas veces, buscando esa información me encuentro con
historietas, cuentos y leyendas que, de niña, me contaban mis padres, como las
leyendas de El Lobizón, Mate Cosido y los cuentos Hansel y Grettel, Caperucita Roja
y Los 3 cerditos.
Y, a pesar
del transcurrir del tiempo, vuelvo a ser aquella niña que escuchaba
detenidamente los relatos de mis padres, me identifico con esos chicos que, en
la búsqueda de información pueden viajar en el tiempo y sentir e imaginar todo
aquello que yo viví y experimenté de muy niña.
ALEGRE, MARISA ESTHER
Bodas de
sangre de Federico García Lorca es la obra que me
impactó. La leí en el secundario y la releí trabajando en una biblioteca de un
colegio secundario. Transcurre en una época, cuando la sociedad era muy
tradicionalista y donde la mujer era tratada como un objeto que no tenía ningún
tipo de libertad. Tenía que acatar los mandatos familiares, autoritarios y
paternalistas y debía casarse y tener hijos. Por lo tanto tenía que cuidar su
reputación para que sus padres encontraran un buen marido, aunque ella no lo
conociera.
Creo que
la mujer ha ganado muchos derechos en la actualidad y que debemos cuidar todos
los días de no perderlos. Leyendo esta obre me doy cuenta y reflexiono sobre lo
importante que es ser mujer.
MEDINA ALCIRA
Mi libro
interior está formado y escrito por los cuentos de fantasía, narrados por mi
madre, cuando yo era pequeña. Cenicienta, Hansel y Grettel, Pulgarcito,
Pinocho y otros cuentos tradicionales que luego despertaron mi vocación
de trabajar con niños pequeños. Además los textos que leí, que no eran
muchos, en la escuelita rural donde
asistí. En mi adolescencia leí el túnel de Ernesto Sábato que me ayudó a buscar
en mi interior.
WEDERCZYK,
JOFEFA ANTONIA
Hace
muchos años, en mi infancia, recuerdo vivíamos en el campo y, entre las pocas
cosas que teníamos para jugar, teníamos un libro, el único libro, que no sé
cómo llegó a mi casa: Las mujercitas se casan de Luise
Alcott. Nunca se me daba por leerlo y, un día de lluvia, cuando en el campo no
hay muchas cosas para hacer, comencé a leer y me atrapó. Me lo leí todo y lo
leí 3 o 4 veces, ya que era el único que tenía. Después de muchos años, cuando
comencé a trabajar de bibliotecaria y lo encontré en los anaqueles de las
bibliotecas, los recuerdos viajaron a mi infancia. Recordé todos los momentos
que viví en mi niñez, muy feliz, recuerdos que no se olvidan y entonces me di
cuenta de que ese libro marcó mi vida.
LORINCZ, GRISELDA
El relato
de los sueños vividos con la lectura de libros fue en mi adolescencia, yo me
enojaba a veces porque eran muy largos los textos pero me sirvieron. El
profesor nos hacía resumir los textos y estudiarlos.
CASTILLO,
ZUNILDA VIVIANA
Mi familia
era muy humilde y en mi casa no teníamos ningún libro, pero mi padre siempre me
contaba anécdotas que él vivió y también sobre la luz mala, el pomberito, etc.
Lo que más
me gustaba eran las poesías, de todo tipo. Hasta el día de hoy, que soy adulto,
recuerdo algunas, especialmente la poesía dedicada a la bandera.
CARDOZO,
CRISTINA
Hace
muchos, muchos años, exactamente en 2001, una prima me regaló un libro: Como
agua para chocolate. Una novela dividida en 12 capítulos y en cada uno
se presenta una receta de comida.
La novela
trata de la hija más pequeña y responsable de cuidar a su madre. También es la
encargada de la cocina, ya que desde su nacimiento estuvo destinada a estar en
ese lugar.
Me
identifico mucho con este personaje, porque a pesar del tiempo que no pudieron
estar juntos los protagonistas, al final sí estuvieron.
Los
cuentos de terror para Franco también
me recuerdan a mi infancia, cuando mi abuela, mientras tomábamos mates de
leche, siempre nos contaba la leyenda del crespín, del pomberito y muchas más.
Hoy todavía, cuando escucho el crespín, para el día de los muertos, es
inevitable no acordarme de mi abuela y su relato. ¡Y todavía tengo miedo!
DALKE,
IRMA ELENA
Mi última
lectura de las vacaciones de enero fue Relaciones extraordinarias de
Bernardo Stamateas. Es una lectura que nos lleva a nuestro mundo interior y nos
ayuda a recapacitar sobre cómo es nuestra relación con el otro, cuáles son los
obstáculos, la conducta que debemos moderar para construir una mejor relación
laboral, amistosa o de parentesco. Es un texto de fácil comprensión a la que
puede acceder desde un lector que recién se inicia hasta personas con ejercicio
lector. Presenta testimonios de importantes empresarios cuyos consejos fueron
adaptados para entablar una buena relación con sus pares. Es un libro muy
recomendado.
GARCÍA,
SONIA S.
Cuando era
niña de 5 o 6 años, mi padre solía contarme historias sobre el Lobizón, la Luz
mala, el Pomberito alrededor del fuego, a veces, en la madrugada u otras en
noches de luna llena. Esas historias quedaron grabadas en mi mente por años. Mi
papá falleció unos años después.
Hace 2
semanas me ocurrió algo que hizo revivir esos momentos. Estaba en la biblioteca
y llegó un chico que me pidió un libro que tuviera la historia del Lobizón. Me
contó que la había leído días atrás, pero no recordaba su nombre.
Busqué en
todos los libros posibles, con los datos que el alumno me daba lo encontré. Estaba
en los libros de Hugo Mitoire, Cuentos de terror para Franco.
Muchas veces les había dado ese libro a los usuarios, pero nunca se me ocurrió
mirar su contenido. Ese día lo hice y descubrí todas las historias que mi padre
me contaba. Estaban allí, plasmadas en ese libro. ¡No lo podía creer! Fue una
experiencia hermosa, ya que volví al pasado a través de esos libros. Un pasado
que jamás olvidaré.
PERALTA,
LUCÍA ESTELA
Sin lugar
a dudas, el primer libro del que tengo un recuerdo muy presente es El diario
de Anna Frank. Leerlo me hizo entender o mejor dicho, conocer una
realidad muy dura. Lo leí cuando tenía aproximadamente 12 años y había
situaciones que relata Anna a las que yo era muy ajena. Me encontré, por
primera vez, cuestionándome el porqué de un montón de cosas injustas, duras,
dolorosas, inentendibles para mí. Leerlo me hizo crecer.
Otro libro
fuerte en mi vida fue Proteo. Cuenta la historia de una
pareja en los años de la dictadura en Argentina. Creo que lo que más me gustó
cuando lo leí, fue saber que era real esa historia. Como soy una persona
realista, disfruto leyendo historias que le sucedieron a alguien, esto no
significa que no me guste también la fantasía.
De la
autoestima al egoísmo, El camino del encuentro,
son libros de psicología, de autoauyda, siempre me invitan a leerlos. No sé por
qué, quizás encuentro en ellos respuestas o busco respuestas a cuestiones que
tienen que ver con la conducta y el accionar de las personas. Desde aquí nace
mi idea de que todo tiene un por qué, tengo un perdón para cada pecado capital.
VARGAS,
LUISA ADRIANA
Cuando yo
era niña, mi madre me contaba leyendas. Casi siempre lo hacía en los días de
lluvia. Nos acostaba en su habitación y mi mamá comenzaba su historia con el
mágico había una vez. Y comenzaba la
historia.
Hace
muchos, muchos años había un hombre que vivía con sus 5 hijos. Su esposa había
fallecido al dar a luz al más pequeño. Por esta razón era el consentido del
padre, pero no de los hermanos, que, lejos de quererlo, lo odiaban.
Un día el
anciano cae enfermo de una terrible enfermedad y un doctor le diagnosticó que
padecía una enfermedad que solo se curaría con una planta muy difícil de
conseguir y que solo salía una vez en la cima de la cordillera. Los hermanos,
cada uno por su lado, salieron en búsqueda de la flor y, bien de noche,
regresaron a descansar alrededor de una fogata y, cansados, se durmieron. El
más pequeño, a pesar del frío no quería perderse la oportunidad de encontrar la
flor. Y así lo hizo. Muy de madrugada regresó y contento les contaba sobre el
hallazgo a sus hermanos que, lejos de alegrarse, lo enterraron vivo.
Nunca
olvidaré la impresión que me causaba esta leyenda y la manera en que mi madre
trabajaba la moral y la conciencia.
VIDELA,
DANILO
No soy un
gran lector a pesar de mi profesión de bibliotecario. Reconozco que leo poco,
no porque no me guste, sino por falta de tiempo. Actualmente, si queremos
informarnos, en la televisión o en Internet encontramos el resumen de noticias
y para leer por gusto es difícil porque lo dejamos para lo último. Priorizamos
el correr detrás del dinero, (que nunca podemos juntarlo). El confort y la
tecnología nos demandan cada vez más gastos y tenemos que trabajar muchas horas
por día para cubrir los gastos básicos de una familia, por lo tanto la lectura
por goce queda marginada.
No creo
que algún libro que haya leído me marcara una huella o un camino (como decía la consigna). Lo que sí reconozco
es que me gusta demasiado lo que tiene que ver con la historia y algo de
política. Leo, al menos, libros que contienen historia o de las primeras
civilizaciones, prehistoria.
De niño
leí muchas historietas, por citar algunos títulos: Patoruzú, Locuras de
Isidoro, Correrías de Patorucito, Dartagnan, Nipur de Lagash, Dago, El mojado y
varias más que salían en Fantasía e Intervalo.
En la
actualidad leí algunos libros. Martín Fierro, partes del Lazarillo
de Tormes, El principito, La cautiva y El matadero, Platero y yo, Cuentos de la
selva, entre otros, pero lo que más me interesó fue la Biografía
del Che Guevara de Hugo Gambini y El sindicalismo en el Chaco.
ILLES,
FABIANA GABRIELA
Mi viaje
imaginario por mi biografía lectora comienza en mi dulce hogar, junto a mi
familia,. Mis padres y hermanos eran lectores activos.
Durante la
secundaria leí las lecturas escolares obligatorias como Martín Fierro, La celestina, Don
Quijote de la Mancha, Juvenilia, entre otros.
En la
actualidad el libro que más leo, y que es más importante para mí, es La Biblia.
También
hay un libro que me impactó y llegó a lo más profundo de mi corazón es Monte
Madre de Jorge Micelli, 1975, época de la dictadura militar. Se trata de una
historia real que sucedió en Argentina, en los montes chaqueños. Relata la vida
de una pareja de esposos que pertenecían a las Ligas Agrarias, que debieron
huir a los montes chaqueños y esconderse durante 2 años para no ser capturados
por la policía que los buscaba incesantemente, durante el día y la noche.
Durante el difícil camino de sed y hambre contaron con la llegada de 2 hijos al
mundo. Luego pudieron salir y llegar sanos y salvos a Europa y regresaron a su
patria en 1983 con el advenimiento de la democracia.